Tenis | Open de Australia

Con Hewitt acorralado, Nadal se quedó sin balas

Al final de la batalla de casi cuatro horas y pese a sus bramidos de triunfo, al demonio Hewitt le olía la piel a azufre.

<b>HASTA EL ÚLTIMO ALIENTO. </b>Rafa Nadal intenta cazar un contrapié de Hewitt, en pleno fragor de la batalla en el Rod Laver Arena. En el quinto set, Rafa pagó caro sus esfuerzos.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Al final de la batalla de casi cuatro horas y pese a sus bramidos de triunfo, al demonio Hewitt le olía la piel a azufre. Idealmente, la imagen que el demonio mantendrá de este partido no va a ser la de su pase a los cuartos de final del Australian Open. No: desde ya, Lleyton Hewitt sabe que le quedan muy pocos partidos que ganar a Rafael Nadal.

"I love this big kid", "amo a este chico grande". Hewitt dijo eso de Nadal porque el amo ardiente del tenis australiano se ve reflejado y seguramente mejorado en el gran chico zurdo de Manacor.

"Rafa es tan competitivo y tiene tanta hambre como yo con su edad: esa es la razón de los partidos que ganamos uno y otro. Nos gustan las grandes citas, nos gusta pisar fuerte cada vez que salimos a una pista y llevamos nuestra emoción a cada partido. Por eso sé que Rafa tiene un gran futuro". Cuando Hewitt decía esto, podía dar gracias a sus Cuervos de Adelaida y de Melbourne por seguir vivo en el Open océanico.

Esa emoción de Nadal había generado un tiroteo del que Hewitt escapó no por juego: por fuerza mental, energía y deseo carismático. "Algo de psicología sí que hubo ahí", diría el mismo Nadal. Ahí: bajo el cielo lavanda de Melbourne donde los cuervos del Rod Laver Arena graznaban en favor de su ídolo, Lleyton Hewitt. Ahí: en el cenit de la caza que había emprendido el gran chico de Manacor, vestido como Hewitt: de celeste y blanco.

Las claves. Ahí estuvieron las oportunidades, en la electricidad densa con la que Nadal dictó a Hewitt nueve juegos seguidos entre el segundo y tercer sets.

Y ahí: en esos momentos claves de la cuarta manga en los que Rafa llegó a tener hasta tres 15-30 (uno debió ser un 0-40, pero un línea lo evitó) sobre el servicio de Hewitt, más acorralado que nunca en este Australian Open: porque, encima, quien lo acorralaba era Nadal, su otro yo, más grande, más joven y con el cutis exótico de uno de los indomables apaches navajos que se enfrentan al Teniente Blueberry, Nariz Rota. "Vaamoss..."

Pero Hewitt, el fantasma de las balas y los rizos de oro y la mirada de fuego, recurrió a los poderes infernales que le han llevado a la cima del tenis mundial. Pasión. Garra. Competitividad. Mejora física. Alimentarse con su misma emoción, como hacía John McEnroe. Es de los demonios que siempre quieres a tu lado, no en tu contra.

En el quinto set, los pies del acalambrado Nadal parecían hundirse en cemento húmedo, ya no rebotaban en la goma verde del Arena. Sus brazos estaban quemados. Y Hewitt aulló su grito de guerra: "C´mon". Se perdió en el viento. Porque el tiempo es de Nadal.

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He tenido muy cerca el triunfo, sobre todo en varios momentos del cuarto set, cuando tuve tres veces 15-30 sobre su saque, pero entonces no he podido ganar, porque Hewitt ha jugado muy bien. Con 4-4 y 15-30, subí con el mejor revés cortado que puedo hacer, y él me ganó con un gran globo: no pude hacer nada. Ha podido ser un poco psicológico. No lo he hecho mal, sino que él ha sacado su mejor tenis. En el quinto set ya tenía calambres y él lo empezó muy bien. Se me ha escapado por muy poco. Espero estar más contento dentro de dos o tres días cuando piense en el partido que he jugado. Mi objetivo es estar entre los 15 primeros del mundo".

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