"Dios mueve mis puños y puedo ganar un título"
Evander Holyfield se escuda en la Biblia para seguir peleando

A Evander Holyfield las críticas no le hacen tanto daños como los golpes que ha recibido en los cuadriláteros y por eso no oye a aquellos que desde muchos lugares le piden que abandone el boxeo profesional antes de que sea tarde.
El cuatro veces campeón del mundo de los pesos pesados dice que él no tiene control sobre sus movimientos y decisiones. "Creo que Dios mueve mis puños y que en la Biblia encuentro la fortaleza para seguir combatiendo y soñar con ganar un nuevo título mundial".
Holyfield no es el primer atleta y tampoco será el último que pone la religión y a Dios por encima de su salud y como el motor de su vida. Aquí es común que en los partidos de fútbol americano o de baloncesto muchos jugadores se reúnan para rezar tras un partido y que comiencen sus conferencias de prensa con un "gracias a Dios".
La fe de este púgil quiere mover montañas de críticas de aficionados, federativos de varios estados, de médicos y de algunos de sus colaboradores que dicen que ha perdido a los 42 años la fuerza y la habilidad que le convirtieron en uno de los mejores campeones durante una carrera en la que peleó con Mike Tyson, George Foreman, Riddick Bowe y Lennox Lewis.
En las 48 peleas profesionales que ha disputado, con un palmarés de 38 victorias, ocho derrotas y dos nulos, el púgil norteamericano ha ganado unos 200 millones de dólares.
"Creo sin dudar lo que dice la Biblia, que una persona puede sobreponerse a sus peores momentos y yo estoy dispuesto a hacerlo", ha declarado el púgil. Por eso sigue entrenando a pesar de que en los últimos combates ha sufrido brutales palizas contra rivales desconocidos.
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Holyfield no puede pelear en Nueva York porque la comisión boxística del Estado cree que su estado físico no es el ideal para combatir a nivel profesional y su vida corre peligro en caso de que reciba una nueva paliza. "Creo que nuestra comisión tiene la obligación de salvar a los boxeadores que quieren hacerse daño. Evander Holyfield no debe pelear más", ha asegurado Ron Stevens, el presidente de la comisión atlética de Nueva York.
El boxeador sigue entrenando en el inmenso gimnasio de su casa de 5.000 metros cuadrados que tiene en Fayeteville, en Georgia, y no quiere piedad: "Sé que no tengo los reflejos que una vez tuve. Antes podía derribar a un hombre que bajaba su guardia o penetrar sus defensas con facilidad. Ya no soy el que era, pero ahora soy más viejo y más sabio. Aún puedo pelear para ganar".