EE UU declara ilegal la posesión de esteroides
Las autoridades estadounidenses comienzan a tomarse en serio la lucha contra el dopaje. La ley federal pone coto al tráfico de esteroides anabolizantes bajo amenaza de severas penas, dependiendo también de si la cantidad aprehendida se considera tráfico de sustancias prohibidas.


De Costa Este a Costa Oeste, macarras de gimnasio, atletas y atletillas, van acaparando y agotando en Estados Unidos los stocks de esteroides anabolizantes. Razón: el 20 de enero de 2005 entra en vigor el acta federal que clarifica la definición de "esteroide anabolizante"... y que pena su posesión (sin receta médica obtenida de manera legal) con severas multas y penas de hasta dos años en prisión. Esto depende de si la cantidad aprehendida por la Justicia es lo bastante importante como para considerar "traficante" al individuo contra el que se hayan iniciado acciones legales.
El acta federal sobre esteroides anabolizantes veta expresamente el uso sin receta del esteroide THG, famoso por desencadenar el Caso Balco, que ha tocado directamente a Marion Jones, las hormonas de producción sintética como la testosterona en suplementos, la hormona del crecimiento o HGH... y sustancias precursoras o análogas a los esteroides como el también célebre androstenodiol o andro, como se le conoce en América.
Curiosamente, el andro es el producto dopante más extendido en las Ligas Mayores del béisbol profesional, donde nadie sufre castigo alguno por un primer control "positivo".
El choque entre la ley federal y la normativa del béisbol profesional puede deparar sorpresas traumáticas. Jason Giambi y Barry Bonds, los figurones del béisbol envueltos en el Caso Balco pueden haber violado una ley federal... sin romper regla alguna del béisbol profesional. Claramente, en el Caso Balco, que ha dañado la imagen del deporte norteamericano, reside el origen explosivo de la prohibición, que puede dar un giro en la utilización de productos dopantes entre los deportistas profesionales estadounidenses.
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19.000 millones. Las sustancias que van a ser prohibidas antes de un mes se venden ahora libremente y a todo ritmo en los mostradores de los gimnasios y tiendas dietéticas de Estados Unidos. Según el diario USA Today, la facturación total de suplementos dietéticos en EE UU alcanza la colosal cifra de 19.000 millones de dólares. La fiebre del acaparamiento ha estallado por razones obvias: después del 20 de enero, el precio de estos productos va a dispararse, porque pasarán a ser ilegales... y habrá que comprarlos en el mercado negro o vía Internet desde países extranjeros, con riesgo de violar la ley y ser cazado en el intento. Como si se tratara de cualquier otra droga.
"La gente es adicta a estos productos, está enganchada y quiere seguir consumiéndolos como sea y la única forma de quebrantar la ley lo menos posible es hacerse en estos momentos con una reserva importante, de una o dos docenas de envases de cada cosa", sostienen los portavoces de las compañías dietéticas que fabrican las sustancias en vías de prohibición, con las que por otra parte se han hecho de oro. La redoma que se abrió con Balco y el THG no cesa de escupir demonios.