Tenis | Copa Davis

La hora de Moyá

Tiene en su mano la Ensaladera sin vence a Roddick (12:00, TVE 1) el punto decisivo

<b>LA IMAGEN DE UN SUEÑO. </b>Si Carlos Moyá Llompart repite esta imagen y este gesto a media tarde de hoy, habrá cumplido su gran sueño. Y España habrá ganado la Copa Davis.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Al mediodía de hoy, en la isla sevillana de La Cartuja, Andy Roddick será algo así como un náufrago. Probablemente, el hombre más solitario del mundo. Huérfano de su entrenador-gurú, Brad Gilbert. Y casi desnudo, a solas con su saque ante la presencia matadora, toreadora, de Carlos Moyá. Y bajo el fuego de 27.000 gargantas. Roddick ha jugado tres veces con Moyá. Ganó las tres. Pero aunque eso sucedió entre 2001 y 2004, en realidad fue en otra vida.

Esos tres triunfos fueron al sol de América, en partidos al mejor de tres sets, en las pistas rápidas y sintéticas de Toronto, Houston y Miami-Key Biscayne. No en un punto decisivo de Copa Davis, en un partido a cinco sets y en la humedad arenosa de la arcilla sevillana. No ante este Charly Moyá que se ha definido como "hambriento". Hambriento de cazar esa Ensaladera que no atrapó en 2000, en el Sant Jordi.

"Con una sonrisa y una palabra amable se consiguen muchas cosas. Con una sonrisa, una palabra amable y una pistola, se consigue todo". Eso lo dijo cierto americano que mandaba en Chicago y se apellidaba Capone. Demoledor. Y pese al saque-garrotazo de Roddick, las palabras amables, la sonrisa... y la pistola están en manos de Moyá, que anticipa: "Saldré a disfrutar: Roddick ya se me ha escapado de milagro un par de veces, pero ahora las circunstancias son distintas. Ahora, jugamos a cinco sets, en tierra. Ahora no quiero dejar escapar mi sueño".

Roddick llega tocado, lamiéndose las cicatrices que le dejó el abrasador combate del viernes con Nadal, y sin el frailuno Gilbert a pie de obra en La Cartuja, para decirle lo que tiene que hacer.

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Ante el joven sacador de Nebraska, el número dos del mundo, se alzan, imperiales, la imagen y la derecha de Moyá, que sepultaron al pescadito Fish en la tierra roja de Sevilla. "Lo intenté todo con Moyá, pero en su forma actual, en esta pista y en este ambiente, hay que estar entre los cuatro mejores jugadores del mundo, si se quiere tener opciones reales con él", dijo Mardy Fish antes de comparar el público de Sevilla con el del "fútbol americano universitario": primera gran excusa para el capitán Pat McEnroe y para la Prensa estadounidense.

Roddick va a luchar a muerte: tiene casta de campeón. Pero, tras el tormento de Nadal, hoy se va a ver sin agua, sin Brad Gilbert y sin consuelo ante la derecha y el hambre de Charly Moyá. Charly tiene la pistola y la sonrisa. Aunque fallara, aún quedaría la bala de plata: Nadal.

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