El joven Nadal ya es el hombre de la gran final
La necesidad de triunfos individuales, clave del relevo de Ferrero


El perfil del día en esta "antigua ciudad de Sevilla", como dicen los americanos, es un chico de 18 años: se llama Rafael y se apellida Nadal. La gente, en número superior a las 26.000 personas, va a descender por las avenidas donde estuvo la Expo 92, rumbo al Estadio Olímpico de La Cartuja, con la curiosidad y el morbo bien instalados en los adentros. Se ha escuchado mucho sobre las hazañas de este niño de Baleares, zurdo y madridista. Se sabe que tiene genio, que es competitivo. Pero, pregunta el espectador curioso: ¿Bastará ese bagaje como parapeto ante los palos de trueno de Andy Roddick? ¿No hubiera sido mejor recurrir al decepcionado Ferrero...?
Pues miren, los tres capitanes de España creen que sí... o que no, según se mire. Los capitanes han visto mucha inactividad competitiva en Ferrero. Mucho problema. Y a los capitanes les espantaría llegar 1-1 al doble de mañana, ante esos hermosos cañones californianos de los hermanos Bryan.
A los capitanes les entraba sudor frío cuando pensaban en esas ampollas de Ferrero... frente a la artillería de Roddick. "Todo con todo, Nadal", pensaron los capitanes. Y ayer por la mañana, se lo dijeron a Ferrero: "Juega Rafa". "¿Sorprendido? Y tanto: yo me veía listo para jugar", diría el mismo Juan Carlos Ferrero. Esto es la final de la Copa Davis. Aquí no se toman prisioneros, Ferrero.
Los americanos le pusieron algunas pegas a lo de Nadal: eso quiere decir que no les ha gustado la sublime decisión de los capitanes españoles: "Se le está pidiendo mucho a Nadal: jugar un partido muy duro ante Roddick y, mañana, jugar un gran partido de dobles. El chico tiene mucha energía, pero no sé si eso es demasiado para él", reflexiona Pat McEnroe, capitán estadounidense.
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Esas reflexiones inducen a pensar que Ferrero, en su peor año, hubiera parecido al McEnroe chico mejor... para ellos: los americanos. Al menos, así puede pensarse. La otra razón para que Nadal reste los batazos de Roddick es la raza de Rafa, en estado químicamente puro: en América aún se recuerda el partido del último US Open entre Andy y Rafa. Ganó Roddick, pero Nadal conmovió con su generosidad a los 20.000 espectadores de la pista neoyorquina Arthur Ashe. Si eso fue en la goma rápida de Nueva York, la tierra roja de Sevilla puede arder hoy.
El asunto lo abren Charly Moyá y Mardy Fish, coletudo de Minnesota que también quiere ser como David Beckham. Nada de risitas, porque Moyá pierde 1-2 con Fish en los cara a cara y, además, Mardy Beckham ganó los dos últimos partidos. La victoria de Moyá se remonta al US Open de 2001. Nadal diría: "Tú, gana tu partido, Charly, que de Roddick me ocupo yo".