Rivero fue encontrado muerto en su domicilio
Tenía 33 años y una vida llena de sorpresas. Nació en Cuba, quiso jugar los Juegos de Atenas con Hungría y ha acabado falleciendo solo en un piso de Pamplona. Vladimir Rivero llevaba cuatro años siendo el portero del Portland San Antonio de balonmano. Un aneurismo de aorta se lo llevó.

Vladimir Rivero, portero cubano del Portland San Antonio de balonmano, fue encontrado muerto en la madrugada del miércoles al jueves en su domicilio pamplonés, en el barrio de Barañáin. La rotura de un aneurisma de la arteria aorta le había provocado la muerte unas doce horas antes, según desveló la autopsia que ayer se le realizó.
Rivero (33 años) ya había caído muerto en su propia cama cuando Portland y Teucro se enfrentaban en el pabellón Universitario. Ganó el Portland por 29-23, pero la directiva antoniana ya tenía la mosca detrás de la oreja; no por la ausencia de Rivero, si no por el silencio de un cubano que solía llamar a su pequeña hija Jennifer varias veces al día. Tenía dos hijas más.
Una vez dada la alarma, la Guardia Civil echó abajo la puerta de su casa y confirmó las peores sospechas. Allí también estaban José Ignacio San Miguel, presidente del Portland, Javier Zupo Equísoain (entrenador) y Javier Aquerreta, médico.
Hungría.
A Rivero le esperaba en Hungría una mujer que ayer quiso que repartieran las cenizas de Vladimir, el padre de sus hijas, en sus dos mundos: Hungría y Cuba. El Caribe le vio nacer, pero el castrismo le tenía preparada una sorpresa: aguantar el frío de Hungría y defender la portería del Fotex Veszprem y del Dunaferr.
Hungría fue parte importante de su vida. Sin embargo, la familia cubana de uno de los mejores guardametas del mundo le quiere más cerca. El cubano Julio Fis, jugador del Balonmano Valladolid, estuvo ayer en Pamplona para agilizar todos los trámites de repatriación. "La familia merece despedirse de él. Era un gran tipo, fuera y dentro de los terrenos de juego", dijo Fis de Rivero. El propio Fis tendrá la posibilidad de homenajear a su "hermano" durante este fin de semana en la Supercopa. El Valladolid es el triste sustituto de un Portland hundido.
El revolucionario.
Se marchó Vladimir Rivero en un piso de la calle Comunidad de Cataluña. Qué cosas. La espesa niebla teñía ayer una zona residencial con sólo un puñado de años de vida. Allí vivía Vladimir, justo debajo del nido de vejez de Marisol Oyarzábal. "No me enteré de nada hasta que me llamó mi hijo. Vladimir era buena gente, asustaba mucho en el ascensor, pero nunca tuvimos ningún problema. Podíamos confiar en él". "¿Qué le ha pasado?", nos preguntó la vecina del quinto.
Pues a Rivero le pasó que su fin le sobrevino cuando más ganas tenía de vivir. Sus deseos de noche y baile en Pachanga, su bar de copas de la calle Monasterio Cilveti, se doblegaban ante el deseo de regresar a Cuba, "mi isla". Rivero no tenía dudas. "Conozco a Fidel, él lo paga todo. Me siento un revolucionario", dijo hace poco ante las preguntas de muchos de los aficionados que ya le veneran.
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Vladimir sospechaba que iba a tener un "lindo pasar" por la vida de retirado. "Pamplona me quiere, pero mi vida es Pinar del Río, allí donde se hace el mejor tabaco del mundo".
Vivía solo, porque "la pequeña estaba con su madre", según la dulce vecina, también en Barañáin, "cerca del Caprabo". El doctor Aquerreta dijo que el auneurisma no avisa, que le pilla a uno por sorpresa. Rivero tenía pues todos los números para que le pillara solo, en ese piso caliente como pocos, tal y como quiso que fuera su vida.