Última esperanza: que Tommy dé jaque al Rey
Robredo, el único español, juega por la semifinal contra Agassi


En sus tiempos, nuestros tiempos, los 80 y los 90, Andre Agassi fue un freak. Freak: palabra inglesa que significa estrafalario y que hoy se aplica a cierta fauna frecuente en las televisiones. A Andre llegaron a llamarle Freak Neon Jesus. Un Jesús estrafalario de neón. Claro: entonces, Agassi gastaba una pelambrera, unas barbas y unas ropas fluorescentes, de las que hoy apenas hay rastro. De aquel Freak Neon Jesus, aún nos queda el perfume de un sensacional jugador, rey o guerrero que se resiste a aceptar el ocaso y que si hoy gana a Tommy Robredo, dejará a este Masters vacío de jugadores españoles.
Lo de Agassi es como si comparáramos a la Bibi Andersen de los 80 con la Bibiana Fernández de hoy. Se parecen mucho, pero no es lo mismo. Por cierto, a esta Bibiana le gusta el tenis tanto como a Pedro Almódovar, y ayer disfrutó con la faena de Agassi al pobre Spadea: Parece que le da despaciiito, pero vaya cómo le corre la bola, se admiraba Bibiana ante el juego y las cosas de Andre. Otra comparación válida: lo que Agassi hizo con el pobre Spadea Spa¿qué? fue como una faena de Antoñete o de Curro Romero a un torito de almíbar.
Noticias relacionadas
El torito Spadea ya traía metidas las banderillas y la media estocada que en lo más hondo de la noche del miércoles le había colocado Nadal, el Principito de las Baleares. Agassi suele decir que, en la lidia, el toro no tiene demasiadas oportunidades: las mismas que él concedió a Spadea, embebido de lado a lado del Rockódromo en los vuelos de los pases-golpes del maestro de Las Vegas. Al minipartido le faltaron dos minutos para durar una hora. Agassi Sólo cedió cuatro juegos a Spadea y se despidió con ovación y saludos. Bibiana no pidió la oreja del abochornado Spadea: se marchó al pasillo, a echar un cigarrito entre las miradas ambiciosas del personal. Bibiana comparte ratos con Almodóvar y Agassi comparte eventos benéficos con Angelina Jolie y con Sting. Cada uno a su rollo.
Truenos en la pista. Antes de Agassi, Verdasco y Robredo le habían sacado los colores y los pelillos a la bola con pelotazos que parecían hasta indecentes: dos españoles firmaban winners (golpes de pista ganadores) a velocidades entre 145 y 150 km/h. Eso, sin hablar de los saques, que relampagueaban a más de 200: Verdasco, a 227 km/h. comparte el récord de velocidad de servicio en el Masters. Rabioso por sus dolores en un hombro, Robredo remontó. Furia, consistencia, pura adrenalina. Y hoy, el perfil del día es en Madrid un partido: Tommy contra el viejo rey, que es de Las Vegas y se llama Andre. Bibiana no se lo perderá.