Atletismo | Hicham El Guerrouj

"Nunca comprenderé cosas como el 11-M"

Es el segundo día del Ramadán y es Ifrane, un espolón perdido del Atlas de Marruecos: el tiempo y el espacio de Hicham El Guerrouj, doble campeón olímpico en Atenas en 1.500 y 5.000 metros, heredero de Paavo Nurmi y, a los 30 años, el Premio Príncipe de Asturias del Deporte.

Hicham El Guerrouj.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Primero, una curiosidad morbosa. Usted, que ya es miembro del Comité Olímpico Internacional, dedicó sus oros de Atenas al pueblo musulmán. ¿Puede explicar el sentido de esa dedicatoria?

No se publicó exactamente como yo lo dije. Yo dije: Se lo dedico a todos mis hermanos musulmanes y a toda la Humanidad. Lo que yo intento ver ahora son los valores humanistas. No me gusta que existan fronteras, porque después, Marruecos y España tenemos problemas como los que hay casi a diario con la inmigración en el Estrecho. Ojalá hubiese más empleo en Marruecos, aunque ahora todo está más estable, y ojalá pudiésemos entre todos hacer un mundo mejor para la siguiente generación. No entiendo demasiadas cosas tristes que pasan ahora.

(Hicham El Guerrouj, de vacaciones competitivas, se presenta en el Hotel Perce Neige, en Ifrane, cerca de Fez, a bordo de un Jeep azul marino. Aun con algún gramo de más y en vacaciones, lleva en sus Leví,s el paso furtivo y liviano de los buenos milleros. En la pantalla de su insaciable teléfono móvil está la imagen de Hiba, su hijita de cuatro meses. Hiba significa Regalo de Dios. En el Jeep hay un ejemplar del Corán: el libro y el mensaje que presiden la vida, el tiempo y el espacio del Premio Príncipe de Asturias. El Guerrouj siempre se refiere a Dios, Allah, como El Buen Dios).

¿Sabía lo que significa el Premio Príncipe de Asturias?

No lo sabía demasiado bien, aunque tenía cierta idea, porque se lo habían dado a algunos atletas queridos por mí. Pero cuando nuestro embajador en España me llamó y me explicó las razones, quedé encantado, por el lado de valores humanos que tiene. Para mí, por ejemplo, el mejor deportista del mundo de todos los tiempos ha sido Muhammad Ali (Cassius Clay), no ya por lo que ganó, sino por lo que hizo en favor de los valores del Islam, de los valores humanos, y en favor de la misma paz.

Por lo que dice, la actual situación mundial no debe alegrarle...

Me deja touché, tocado. Me siento triste como persona y como atleta. Pasan demasiadas cosas:en Irak, Cuba, Chechenia, Palestina... en todo el mundo. Cuando tienes hijos, quieres un mundo mejor para ellos y es triste todo esto. No comprendo cosas como la del pasado 11 de marzo en Madrid o como el 11 de septiembre en Nueva York. No las hubiera comprendido tampoco en Casablanca o Rabat. Gente inocente, que iba a trabajar, de muchas nacionalidades. ¿Por qué? Después de Atenas, recibí un e-mail de Lance Armstrong. Me felicitaba y me decía que esperaba que a partir de ahora asumiera mi papel como deportista para aproximar comunidades distintas y rebajar diferencias sociales. Es algo que tengo que hacer.

¿Está todo en sintonía con el Corán? Es el libro que guía su vida...

(Le brillan los ojos) Por supuesto que leo el Corán a diario. Pero también a Tahar Benjelloun y a Paulo Coelho. También procuro saber de historia del atletismo. Y, sí, creo que en el Corán se encuentran todos los valores humanistas posibles.

Usted, nacido en Berkane, cerca de Melilla, está más cerca de España de lo que pueda parecer. Ya sabe que Andalucía es, para ustedes musulmanes, Al Andalus, el paraíso perdido de la nación musulmana...

(Orgullosamente) Gente de Marruecos estuvo en Andalucía, Al Andalus, siete siglos. Es imposible que allí no queden parte de nuestra cultura y nuestras raíces. Cuando el Mundial de Sevilla, en 1999, visité la ciudad y vi la Giralda. Me emocioné tanto que el próximo verano volveré allí y veré con mi familia la Mezquita de Córdoba y la Alhambra de Granada.

(En la ciudad vieja de Fez, junto a la sierra de Ifrane, se alzan minaretes que recuerdan a la Giralda. Allí, en las tierras asolanadas, vegetan los fellahs, los campesinos, jornaleros en borriquillos morunos. El flamenco no es otra cosa que el quejío interior del fellah: el Fellah Mincom).

Usted, El Guerrouj, no es un fellah, pero sí uno de los siete hijos de Fatna y de El Ayachi, una familia de Berkane que hacía peonadas y que tenía un kiosco de sandwiches. ¿Cómo se llega desde ahí hasta el trono de Paavo Nurmi, la doble medalla de oro en 1.500 y 5.000?

Yo era portero de fútbol en Berkane, hasta que mi madre se hartó de lavarme ropa sucia. Como porteros, admiro a Kahn y a Rüstü, el turco de la cara pintada, pero no diré el nombre de mi equipo español preferido, porque los otros se enfadarían (se rumorea que es el Depor: por Naybet). Bueno, ja, ja, cuando mi madre se hartó de lavar, quedé segundo en una prueba en el colegio, en 1988. Tenía 14 años. Me vio el que sería mi primer entrenador, El-Mokhtar Ajaji. Me dijo que yo tenía la habilidad de correr sin esfuerzo y naturalmente más rápido que los demás. Y hasta hoy. No me puedo comparar con Nurmi. Todo ha evolucionado desde sus tiempos, los años 20: la tecnología, las pistas, los entrenamientos, las zapatillas, los mismos hombres...

Antes de Atenas, usted estaba desesperado con el oro olímpico. ¿Va a quitar de su casa la célebre foto de su derrota en Atlanta, tras la caída en la final de 1.500 metros? ¿Qué va a hacer a partir de ahora?

Esa foto, en efecto, ya no estará más en mi casa. Allí voy a hacer un museo con todas las cosas buenas que me pasaron en Atenas. Allí, antes de la final de 1.500, le dije a Hussein, mi mejor amigo: Mañana es mi última oportunidad para ganar una medalla olímpica de oro. Le pedí al buen Dios con todas mis fuerzas que me ayudara. El me ayudó a resistir la velocidad final de Lagat, Bekele y Kipchoge. Ahora, no haré más carreras de 1.500. En el Mundial de Helsinki 2005, sólo haré una prueba: 5.000 metros, la misma que planeo para Pekín 2008. Nunca más haré dos pruebas en un gran Campeonato. No tengo motivación para seguir en el 1.500, y cuando pierdes la motivación, pierdes la energía. Iré día a día, año a año. Quiero batir el récord mundial de 5.000 metros.

Usted, como buen musulmán, ¿puede explicar su relación diaria con Dios?

(Pide una concreción escrupulosa de la pregunta) Toda la fuerza me la da El, el buen Dios. Rezo mis cinco oraciones diarias: cada una de ellas me da la fuerza para hacer lo necesario en cada momento. Es un flujo de energía que te pone en contacto con todo lo bueno y lo malo que hay en la tierra y te ayuda a decidir. Es una combinación exacta de lo que hay en la tierra y en el cielo.

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Así, con 42 pulsaciones en reposo, y entrenando como se entrena, no es extraño que usted sea el que es. ¿Se considera uno de los mejores de todos los tiempos?

Los mejores atletas de todos los tiempos son Carl Lewis, Michael Johnson, Zatopek, Haile Gebrselassie y Coe. No estoy entre ellos. Yo sólo soy un creyente que pide ayuda al Buen Dios clemente y misericordioso.

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