Tenis | Copa Davis

A uno para la final

Nadal y Robredo ganan el doble y ponen el 2-1 en el marcador

<b>ALEGRÍA TRAS EL ESFUERZO. </b>Nadal, de rodillas, espera a recibir el abrazo de su compañero Robredo tras ganar a Clément y Llodra.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Tras el doble, España gana 2-1 a Francia: casi como estaba previsto, sólo que el dios del tenis escribe derecho en renglones torcidos. En realidad, esta eliminatoria es extraña, es como un microcosmos, rezonga el inteligente Forget, con su ojo privilegiado.

Tiene razón Guy Forget, zorro y zurdo, pero está a un punto de decir adiós a la Copa Davis. El doble se lo arrebataron la lesión de Fabrice Santoro, el corazón ganador del manacorí Rafa Nadal y los restos de Robredo. Tommy perdió cinco veces su servicio. En lugar de Santoro, Arnaud Clément, en guerra con el público, desenchufado del partido y regalando bolas vitales a los españoles: algunas de ellas, con golpes desquiciados, a la nada o al aire hirviente y arenoso. Ese que ven ustedes en el anuncio de Lacoste acompañado por una rubia, y que parece actor de cine, bramaba como si le fueran a dar la estocada de la tarde. Se la dieron. Y sin picadores.

Pero esta noche pasada, Monsieur Guy le habrá dado mil vueltas a su cráneo pelado. Algún plan traerá hoy para los dos individuales: en esos planes-trampas para incautos reside la razón de que Francia haya ganado sus cinco últimas eliminatorias de Davis como equipo visitante. Pero hoy, los que están sin agua en el desierto son los cocodrilos franceses de Lacoste. A ver cómo les ayuda el zorro...

En el microcosmos a que Forget alude se unen la suspensión del Ferrero-Santoro, la erupción volcánica del público de Alicante, atrincherado y protegido tras 55 banderas rojigualdas (las conté), la primera lesión de muñeca del mismo Santoro en siete años (según el propio interesado), el ímpetu controlado de Ferrero (dijo que tiene medio kilito más, pero que hacía tiempo que no disfrutaba tanto jugando al tenis), el corazón ganador de Nadal, los restos de Robredo y el desquiciamiento de Clément, que tocó pocas pelotas en la pista y muchas, en cambio, fuera de ella.

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A las armas.

Expresión sumaria del extraño universo forgetiano y alicantino: los 800 franceses de las gradas, acosados por la multitud, se refugiaban en La Marsellesa: Aux armes, citoyens, a las armas, ciudadanos. Los hirvientes españoles de las banderas rojigualdas y las peñas de Ferrero preferían Paquito El Chocolatero, himno oficial de los Sanfermines pamplonicas. Como estábamos en una plaza de toros abarrotada, y aunque Nadal pidió silencio, Paquito El Chocolatero se cepilló a La Marsellesa. Ni a las armas, ciudadanos, ni adelante hijos de la patria, ni nada: Juan Carlos Ferrero despachó a Santoro en faena de trámite, y los franceses del doble acabaron llamando a Napoleón ante la riada popular y bajo el fuego que les llegaba de Nadal y Robredo, plomo derretido para el zorro Forget. Microcosmos delirante, pero Moyá y Ferrero tienen hoy pelota de final. Tócala, Charly.

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