Su primera bicicleta le tocó en un sorteo

Chema Bermejo
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A Santi Pérez (5-8-1977, Vega de Peridiello, pedanía de Grado, Asturias) le cuesta arrancar. Ha tardado en mostrar su candidatura a la Vuelta y también en el ciclismo. Se subió en serio a una bici a los 17 años. Antes jugaba al hockey sobre patines en los juveniles del Cafés Areces. Ahora no recuerda ni dónde tiene los patines. Los aparcó al poco de empezar a salir en bici con su amigo Manuel Rodríguez, hoy presidente de su peña ciclista, a cuyos integrantes se les conoce como los moscones.Al asturiano le ha costado llegar. Al principio no tenía ni bici, ni dinero para comprarla. En un intento para conseguirla, envió dos tapones de Nivea a un concurso y le tocó una mountain bike. Destacó como amateur, pero como no llegaba una oferta profesional, colgó su currículo en internet. Por fin requirió sus servicios un equipo portugués de Tercera División, el Barbot, en junio de 2001. Dos meses después ganaba la etapa reina de la Vuelta a Portugal, por delante de Mercado y Rumsas, y se ganó su fichaje con el Kelme. Al año siguiente fue el corredor revelación del Giro, ganó una etapa e iba segundo en la general cuando abandonó por una caída. A partir de ahí le ha perseguido la mala suerte. Se cayó también en el Tour de ese año (2002), se hirió con el plato y se le infectó la herida. Su novia, Vanesa, falleció en accidente de tráfico en diciembre de 2002. Luego vino una operación de rodilla que le impidió correr el Tour 2003. Y en la ronda francesa de este año pilló una amigdalitis, que le dejó sin fuerzas y le obligó a pasar por el quirófano al terminar la carrera.

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