Cuba saquea el boxeo y se lleva ocho medallas
Cinco títulos para los pupilos del gran Alcides Segarra.

Alcides Sagarra, el padre del boxeo cubano, está de enhorabuena. Y también Evelio Fuentes, el jefe de equipo, el que un día se fue a trabajar a la Argentina y regresó, pues sus pupilos de Buenos Aires amenazaban el dominio de su país en Mundiales, Panamericanos y Juegos Olímpicos. Sus muchachos ganaron cinco oros, dos platas y un bronce en el torneo olímpico (11 pesos) que concluyó ayer en el Peristeri Hall de Atenas. La felicidad completa hubiera sido superar los siete oros de Badalona-92, pues la ciudad del Joventut fue la sede del boxeo en aquellos Juegos nuestros. Para los cubanos con guantes de crin, decir Badalona es decir la gloria. Las siete medallas en el ring situaron a Cuba con 27 medallas, a dos de las 29 de Sydney-2000 y por encima de las 25 de Atlanta-1996. El tope son las 31 de Barcelona-92.
Mitos.
En el más allá Roberto Balado (fallecido en accidente de tráfico a sus 19 años, uno después de ganar el oro en Barcelona), en el álbum el gran Teófilo Stevenson, de quien se dijo era el Cassius Clay del boxeo amateur, y retirado después de Sydney-2000 Félix Savón, otro mítico peso pesado, el futuro de Cuba y del olimpismo es Odlanier Solís, también peso fuerte, que se colgó aquí el primer oro olímpico de su carrera. Solís sueña con emular a Stevenson (tres oros y tres mundiales) y a Savon (tres oros y seis mundiales, tres más que Teófilo porque en tiempos de éste se celebraban cada cuatro años y en los suyos, cada dos)
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Sagarra, de 70 años de edad, irradia una magia personal que recluta niños campeones desde que apenas levantan un palmo del suelo. Los niños cubanos quieren ser boxeadores o jugadores de béisbol, los dos deportes nacionales; después vienen el voley y el atletismo. Desde ayer tienen otro ídolo que adorar: el gran Mario César Kindelán repitió oro olímpico en la categoría de los ligeros y anunció su retirada: Tengo 33 años, lo he hecho ya todo en el boxeo. Dedico la medalla al comandante (Fidel, por supuesto) y a todo el pueblo cubano, explicó este boxeador sensacional y políticamente más que correcto.
En su asiento de tribuna, un irlandés aplaudía con delirio cada oro cubano. Se trataba de Douggy Adams, un ex boxeador de los años 70 que se enamoró del boxeo cubano viendo pelear al que dicen fue el más grande de todos los tiempos: el peso gallo Adolfo Horta. Para mí hubiese sido un honor perder con él.