Reino Unido gana el relevo con guasa
Estados Unidos pagó su mala técnica de cambio.

Shawn Crawford, Justin Gatlin, Coby Miller y Maurice Greene. La simple enumeración de los nombre produce vértigo. Un Dream Team de la velocidad. Crawford, cuarto en 100 metros con 9.89 y oro en 200; Gatlin, campeón en el hectómetro con 9.85; Miller, séptima mejor marca del año con 9.99 y, por fin, Maurice Greene, bronce en Atenas con 9.87, y explusmarquista mundial con 9.79. El mejor cuarteto de la historia.
Su promedio de marcas es de 9.90, una décima de segundo mejor que el registro que tenían los también estadounidenses Mike Marsh, Leroy Burrell, Dennis Mitchell y Carl Lewis cuando batieron el actual récord mundial, en los Juegos de Barcelona. Pero aquellos, los de entonces, cambiaban relativamente bien, mientras que estos, los de ahora, lo hacen bastante mal, tirando a peor. Y perdieron ante un conjunto mucho más débil, como el británico, pero mucho más conjuntado.
Los tres cambios estadounidenses son dignos de figurar en la antología del disparate, con el atleta que recibía inevitablemente reteniéndose, bien por miedo a que su compañero no llegara (que se lo digan a Marion Jones en la prueba femenina de anteayer), o bien porque las referencias en la pista habían sido mal calculadas. Total: un desastre.
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Maurice Greene, el último de los corredores yanquis, afrontó la recta final fuera del podio, pero corrió como un diablo, remontó y fue comiendo centímetros al británico Mark Francis-Lewis, pero le faltó tiempo para cazarle. Con gran regocijo de éste. Por cierto, que Mark Francis-Lewis es el mejor de los isleños, con 10.12 de registro este año, frente a los 9.99 de Miller, el peor de los estadounidenses. Éste (el peor, insistimos) es el séptimo del ránking; Francis-Lewis (el mejor británico, ya saben), el 37º...
Y es que correr 4x100 metros no sólo consiste en ser muy veloz. Hay que intercambiar un testigo de aluminio a toda velocidad, hacerlo pasar sin perder rapidez, sin titubeos, sin frenazos. Y eso el Dream Team de Estados Unidos no lo sabe hacer. Por eso el oro se quedó en plata.
