Atenas 2004 | Atletismo

El doblete hace a Holmes la reina de estos Juegos

Igualó en la gesta a las rusas Kazankina y Masterkova.

<b>VETERANA DE ORO. </b>A sus 34 años, la londinense Kelly Holmes alcanzó la gloria y ganó el 1.500.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

La noche en que el vuelo de El Guerrouj alcanzó a la sombra fantasmal de Paavo Nurmi, una Caballera del Imperio Británico plantó su robusta pisada en las huellas de dos ex soviéticas. Kelly Holmes ha tenido las peores lesiones en la carrera de un mediofondista. Ha sido operada del estómago y corrió en Atlanta 1996 con una microfractura en una pierna. Pero ayer espantó esos recuerdos miserables cuando añadió el oro de 1.500 al que ya había firmado en 800, en la final del lunes.

Este doblete no es tan insólito como el de El Guerrouj-Nurmi, el de Viren en Múnich o las hazañas extraterrestres de Zatopek. En 1976 y 1996, en Montreal y Atlanta, Tatiana Kazankina y Svetlana Masterkova ya hicieron lo mismo que Holmes en Atenas. Pero, como se dice por la trastienda del atletismo, en esos años de las soviéticas, los controles antidopaje no son lo que eran ahora, sobre todo en tiempos de Kazankina. Esto es, en los tiempos en que la Unión Soviética y todo su bloque hacían una cuestión de Estado de los triunfos deportivos. Y pasaba lo que pasaba, claro.

Natalia Rodríguez.

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La dificultad que encierra este doble desembarco de Holmes en la cima del mediofondo se resume bien en una comparación: la marroquí Benhassi, plata la misma final de 800 que ganó la británica, fue la última en la final de 1.500 que Holmes dominó con su mejor marca de siempre: 3.57.90. Natalia Rodríguez (4:03.01) hizo su mejor marca de la temporada, rumbo al décimo puesto.

Nacida en un suburbio de Londres hace 34 años, Holmes creció admirando a Sebastian Coe, pero lo que la curtió verdaderamente fue el rosario de lesiones y enfermedades que padeció entre 1996 y 2001. He tenido toneladas de lesiones en los últimos siete años y ahora me encontraba mejor que nunca. No quería más platas ni bronces. Lloro cada vez que veo la medalla de oro de 800, que fue un shock. Ahora sabía que no se me podía escapar el 1.500: era la carrera que había preparado específicamente. No se le escapó. Tatyana Tomashova, llamada a defender la herencia de Kazankina y Masterkova, dejó a Kelly que marcara el ritmo. Cuando la rusa quiso forzar, la punta de velocidad y la potencia de Holmes dejaron las cosas claras. Y el Imperio Británico volvió a entrar en uno de esos viejos museos de la Unión Soviética.

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