Atenas 2004 | Atletismo

El Guerrouj entra en el Olimpo de Paavo Nurmi

Después de ochenta años se repite doblete en 1.500 y 5.000

<b>DOS OROS PARA HICHAM. </b>El Guerrouj también venció en los 5.000 e igualó el récord de Nurmi.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
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Ochenta años después, un califa marroquí surgido de la espina dorsal del Atlas, acompaña en el Olimpo del atletismo a Paavo Nurmi, el rey de los finlandeses voladores. Hicham El Guerrouj, emboscado con el mismo sentido que un guerrillero de las harkas rifeñas, aprovechó la pelea a dentelladas entre Kenia y Etiopía, entre Bekele y Kipchoge.

Entre las dentelladas de los hombrecillos voladores de las planicies, irrumpió, elegante, la fuerza terminal del mejor millero del planeta. El viento que sacude el rastro de El Guerrouj por las sendas del Atlas, de Yfrane a Berkane, fue el mismo que borró a los kalenjin de Kenia y a los arsi de Etiopía. El jefe rifeño barrió a los hijos del Rift.

Y, en esta masacre de hombrecillos, El Guerrouj, sin oro olímpico hasta estos Juegos, atrapó un sueño imperial: el sueño de Nurmi en París, en 1924. Los Juegos de Carros de Fuego, de Harold Abrahams y Eric Liddell. Allí, en Colombes, Nurmi dobló oro en 1.500 y 5.000 por un pulso personal con Ville Ritola, su gran rival entre los finlandeses voladores.

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Cuando El Guerrouj va a cumplir 30 años, podemos preguntarnos si en Pekín, este rifeño de oro que expulsa al mal de ojo con amuletos rojos, puede irse a por Lasse Viren, que, con sangre liofilizada en altura, dobló oro en 5.000 y 10.000 metros en Múnich 1972. En el ático de este Olimpo habita un tal Emil Zatopek: La Locomotora Humana. En 1952, en Helsinki, el moravo Zatopek ganó 5.000, 10.000 metros... y el maratón. Lo nunca visto. Sobre todo, si tenemos en cuenta que él fue al maratón porque a esas alturas llevaba dos medallas de oro y su mujer, Dana, una. El marcador de casa estaba muy apretado, se justificaría Zatopek.

Tan apretado como estos cinco kilómetros de Atenas. Fue clave el abandono de Abraham Chebii, El Rey de Marakwet, una planicie sin luz eléctrica. Kipchoge perdió uno de sus mejores escuderos. Sin cuartel, Bekele y Gebremariam asestaban tajos a Kipchoge, con El Guerrouj en conserva, a rebufo y al acecho. Kipchoge resistió, porque, pese a vueltas de 400 metros en 50.97, Bekele no tiene punch para explotar un 5.000. Eso salvó oxígeno para El Guerrouj, que escapó en la recta, cuando Bekele se enzarzaba con el desgastado Kipchoge. Llevado por el viento del Atlas, Hicham se lanzó a la meta. Allí le saludó el alma de Paavo Nurmi.

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