Wariner, el hijo blanco de Johnson, lidera la barrida
Otro triplete americano como en los Juegos de Seúl 88


Otis Harris dijo que esta final fue un regalo de Dios para Estados Unidos. Harris, plata, se equivocó. En esta carrera no hubo un solo regalo de Dios para el pueblo de Bush: hubo dos. El primero, las tres medallas, en una barrida como no se conocía desde 1988, en Seúl. El segundo regalo es el blanquito Jeremy Wariner, y un premio gordo del cielo a la velocidad americana.
En el circuito profesional, Wariner podría estar ganando unos 250.000 dólares anuales. Pero prefiere sufrir y entrenarse bajo la humedad de la pista de la Universidad de Baylor, en Waco, Texas: la llamada Costa de los Mosquitos, la ciénaga húmeda donde Michael Johnson fraguó sus récords. Wariner también podría estar jugando al béisbol y su físico (1.82, 72 kgs.) le veta para el semiselvático fútbol americano. En su primer 400 en serio, hizo 50.5. Desde ahí, ganó dos títulos de institutos en Texas, y se puso en manos de Clyde Hart, el viejo entrenador de Johnson: Michael, que nunca ganó un título escolar, vio que el blanquito tenía madera para la vieja Costa de los Mosquitos. Le apadrinó con Hart.
Y ahora, Wariner es campeón y el comandante del trío que devolvió a Estados Unidos la hegemonía en la prueba de Lee Evans y del mismo Michael Johnson. Sólo Otis Harris, el del regalo de Dios, inquietó al filiforme Wariner, cuya resistencia al esfuerzo es muy superior a las de Harris y del tercer americano, Derrick Brew. Parecido a Phelps. Jeremy ganó el oro en 44.00, su mejor marca, con Harris en 44.16, y Brew en 44.42.
Antes de la carrera, Michael y Clyde Hart me dijeron que pusiera en práctica mi mejor habilidad: olvidarme de todo lo que no fuera la medalla de oro, razonó Wariner. Pensaba que en 2004 estaría jubilado, jugando al golf, y mira dónde estoy, gruñía Hart. Mentalmente, Jeremy compartimenta como nadie. Se olvida de lo malo y piensa en lo bueno con más facilidad que yo mismo, explicó Michael Johnson. Lo que no dijeron ni Hart ni Wariner ni Johnson es el secreto para aguantar hasta 10 series a muerte de 150 metros, una otras otra, entre la humedad abrumadora de La Costa de los Mosquitos. Le compro el secreto, Mr. Hart: ése sí que es un regalo de Dios.
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Una prueba de aplastante dominio estadounidense
Las carreras de 400 metros lisos son una de las pruebas preferidas por los atletas estadounidenses, que han conseguido copar el podio en cuatro de los Juegos Olímpicos disputados hasta la fecha: 1904, 1968, 1988 y 2004. En las últimas seis Olimpiadas, Estados Unidos ha contabilizado 13 de las 18 medallas que se ventilaron en esta misma prueba. Además, han ganado esta prueba dieciocho de las veinticuatro veces que se ha celebrado. Por último, los tres últimos plusmarquistas mundiales de la distancia, Lee Evans, Harry Butch Reynolds y Michael Johnson, son de nacionalidad estadounidense.