Atenas 2004 | Atletismo

Noguchi abrasó a Radcliffe

Paula tuvo que abandonar y la japonesa se llevó el gato al agua

<b>COMO LOS PRIMEROS JUEGOS. </b>La japonesa Noguchi entró triunfal en el estadio Panathinaiko, nostálgico punto de llegada de la maratón.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Paula Radcliffe quiere ser como Emil Zatopek, pero Zatopek, para correr como corría, se pasó unos cuantos años en una cárcel checa de las SS. Lo que le queda a la Radcliffe de hoy del Zatopek de siempre es ese estilo enloquecido de correr, en el que la cabeza se agita desmesuradamente y los ojos en blanco quieren escaparse de las órbitas.

Así, la británica Radcliffe ha llegado a poseer la plusmarca mundial de maratón, con un tiempo de 2h.15:25. Cuando los ojos se me ponen en blanco, no veo pasar a mis rivales, pero tampoco me pasan muchas, sostiene la mujer que montó un conflicto de orden público en el Mundial 2001 de Edmonton por protestar contra la rusa Yegorova, controlada con EPO.

Pero ayer, cuando el asfalto de Atenas despedía más de 40 grados de temperatura, a Radcliffe sí que se le salieron los ojos de las órbitas. En el kilómetro 36, cuando la japonesa Mizuki Noguchi, subcampeona mundial en París 2003, acababa de atacar a degüello, Paula Radcliffe dijo adiós a las armas.

En una escena indigna de Zatopek, la atleta más laureada del gran fondo mundial se sentó en el bordillo de una acera, y, entre sollozos, se retiró. Sólo la keniana Catherine Ndereba, la explusmarquista mundial, pudo seguir a Noguchi, que había recibido la orden de ataque de su entrenador, Nobuyuki Fujita. Le dije que había que atacar justo ahí, si quería romper a Radcliffe. Lo hizo y la reventó, revelaría después de la previa el propio Fujita. ¿Le dijo tambien Banzai?

Sufrimiento final.

El drama de Radcliffe, abrasada por el mazazo de la japonesa, dio paso a la agonía de Noguchi, que veía cómo Ndereba le recortaba terreno después del ataque suicida realizado. Radcliffe tiene aseguradas sus piernas en 500.000 libras esterlinas, que no le servían de nada en el horno de Atenas. A Noguchi la protegía el amuleto rojo de buena suerte que le dio su padre. Con eso resistió a Catherine Ndereba, mientras Radcliffe era un valle de lágrimas a los ojos de todo el mundo. Lo que nunca fue Emil Zatopek, la locomotora humana.

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