"Quiero ganar el 200; lo quiero conquistar todo"
Justin Gatlin (22 años), neoyorquino de Brooklyn, describe sus sentimientos como campeón olímpico, bajo los consejos de Trevor Graham. El americano, después de volar en los 100 metros, es ambicioso y ya tiene en la cabeza otro título, el del doble hectómetro.


De todos los grandes favoritos, quizá Justin Gatlin era el más tapado.
Ahora no importa eso. Para mí, esta victoria supone el mundo, el mundo entero. Pero me atengo a lo que dije una vez en Moscú, cuando gané 500.000 dólares en una sola carrera: me considero un tipo normal y no voy a permitir que esto se me suba a la cabeza. Toda mi vida he querido ser el hombre más rápido del mundo, y éste es sólo el primer paso.
¿Sólo el primer paso?
Ser campeón olímpico es ser el más rápido en un día exacto, en un momento exacto. Es mágico, pero no es más que eso. Ahora quiero el récord del mundo y conquistar este título en 200 metros. Quiero también el título mundial, el próximo año en Helsinki. Pero el mundo debe enterarse de que he venido a Atenas a ganar tres medallas de oro: ésta, el 200 y el relevo 4x100 metros. (Gatlin ya marcó 19.98 en 200 metros... en el año 2002).
Describa la carrera.
Primero que todo, he de repetir mi respeto por Maurice Greene, que fue mi ídolo durante los años 90. Era un sentimiento increíble verle a mi lado durante una final olímpica. Pero justo aquí, yo no pensaba en batir el récord del mundo: sólo en ganar la carrera, punto. La experiencia de la semifinal fue buena, porque me enseñó que tenía que afianzarme bien en la salida para tener el mejor final. En semifinales no salí bien, y por eso me pudo sacar la lengua Shawn Crawford. Fui capaz de fijar una buena salida, gracias a mi entrenador, y ahora resulta maravilloso estar entre los más grandes de mi deporte. Me siento mucho mejor, no ya por ganar la final olímpica, sino porque ésta ha sido una de las carreras de 100 metros más rápidas de todos los tiempos.
Pero aún no hemos empezado con la carrera, y eso que duró menos de 10.00 segundos...
En sí, fue un poco como la de los trials de Sacramento. Tuve una gran salida y a partir de ahí, pude aguantar. Cuando crucé la meta, estaba seguro de que era el ganador. Incluso me extrañó el margen de una centésima: pensé que era un poco más.
Lo que no podrá negar es que se ha cumplido uno de sus grandes sueños de la infancia.
Nací para esto, éste es el objetivo de mi vida. Empecé a correr con la idea de ser el campeón olímpico y el hombre más rápido del mundo. Para eso vivo, para eso estoy aquí. Después de todo lo que tuve que pasar entre 2001 y 2002, estaba dispuesto a cualquier cosa para llegar adonde estoy en estos momentos. No puedo olvidarme de dar las gracias a mi entrenador, Trevor Graham, y a mi agente, Renaldo Nehemiah.
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Se le veía un poco extraño en la vuelta de honor...
Claro: ésa fue la parte más dura de la carrera. Nadie me había dicho nada de lo que tenía que hacer, y me vi totalmente sorprendido.