Atenas 2004 | Atletismo

Cinco bólidos corren por debajo de 10 segundos

Crawford, Greene, Obikwelu, Gatlin y Powell se citan en la final

Prueba de 100 metros lisos
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Algo increíble va a pasar esta noche en Atenas, en la final de 100 metros. Al menos, eso promete Maurice Greene, el ser humano que más veces (nueve) ha corrido por debajo de 9.90 en la historia de los bípedos. De no ser por los pestilentes 9.78 de Montgomery en 2002, Greene aún tendría el récord del mundo: 9.79. Cannonball Greene, la bala de cañón llamada Maurice hizo esos 9.79 en 1997 en... Atenas. Y algo no demasiado creíble ya empezó a pasar ayer mismo: cinco hombres, cinco bólidos, bajaron de 10.00... en los cuartos de final. Preparados, listos, ya: Crawford (9.89), Greene (9.93), Obikwelu (9.93), Gatlin (9.96) y Asafa Powell (9.99). Me da que el campeón olímpico de 100 metros está entre ellos. Hay tapados, como el campeón mundial, Kim Collins, pero tapados están. Al menos, hasta hoy.

En una carrera de 100 metros se detectan cinco cimas de velocidad: contracción, reacción, explosión, aceleración y prolongación. Todo junto suena así: boooom. Un buen entrenador te dirá que en los últimos 10 metros tienes que correr como si pasaras sobre un lecho de ascuas al rojo vivo, como si te quemara la pista. Y no sueltes el aire: Rake, no brake, ve a desgarrar la pista, hijo. Eso le dice el jefe John Smith a Maurice Greene. Eso hacen los cinco bólidos, las cinco cimas en Atenas.

Este no es sólo el relato previo de un combate en la cima de la velocidad, sino la descripción de un juego de sutilezas. El joven jamaicano Asafa Powell acaba de batir a Greene dos veces consecutivas en dos prestigiosos mítines del Grand Prix, pero Maurice le espera con los clavos afilados: Powell tiene que demostrar que sabe correr a través de cuatro rondas: aún no he visto si sabe hacerlo. Eso es experiencia. He perdido con él en dos pruebas de un sólo día. Le espero en Atenas, dice Greene, que ayer se paseó en la primera ronda, con 10.18. La cuestión era milimetrar hasta el último glóbulo rojo de rendimiento.

Aquí está Atenas y aquí está Maurice. No sólo con Powell, sino con Crawford y Gatlin, los que han sustituido a Marion Jones y Tim Montgomery en el corazón y los métodos de Trevor Graham: este fue el entrenador que, por una deuda de 12.000 dólares, envió la jeringuilla con la droga THG a la USADA, la Agencia Antidopaje estadounidense. En esa redoma endemoniada estalló el Caso Balco. Ahora, el indomable Crawford se jacta de hacer pectorales en banca tranquilamente con 160 o 165 kilos. ¿Más que Ben Johnson...? Más.

El portugués.

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Aquí está Atenas y aquí están Maurice, Powell, Gatlin, Crawford... y Francis Obikwelu, el titán de nacimiento nigeriano y pasaporte portugués que se entrena desde hace tiempo en las pistas del INEF de Madrid, a las órdenes de Manuel Pascua Piqueras. Cinco cimas, cinco bólidos.

Maurice Greene tiene tatuado en su bíceps el anagrama GOAT, Greatest of All Time, El Más Grande de Todos los Tiempos. Puede serlo, puede estar en lo más alto. Ahí arriba, al final de la quinta cima, en la meta del Estadio Olímpico de Atenas, volando como si abajo hubiera brasas al rojo vivo. Algo increíble va a pasar esta noche en Atenas: Boooom. ¿Maurice...?

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