La blanca Nesterenko, reina de la velocidad
La bielorrusa se benefició de las ausencias y ganó la final de 100

Yuliya Nesterenko, tan alta, tan crujiente como cualquier atleta bielorrusa, nunca había bajado de 11.00 segundos en 100 metros. Ayer lo hizo dos veces, y el 10.93 de la final (10.92 en semifinales) le valió el título de Reina de la Velocidad olímpica y, oficiosamente, de heredera de Marion Jones. ¿En todos los sentidos? Quien sabe lo que pasa en Brest-Litovsk, Bielorrusia.
Al final de la carrera, Nesterenko, de soltera Besterovitch, quería gritar por toda Atenas y besar a todo el pueblo bielorruso. No era extraño, porque acababa de galopar sobre 20 años de dominación olímpica de las velocistas estadounidenses. Pero resulta curioso: en todas sus biografías, a Nesterenko la dan como nacida... en la Unión Soviética. Es que Bielorrusia era una república soviética en 1979. Y allí, en Brest-Litovsk nació Yuliya Nesterenko.
La política de limpieza de Estados Unidos, con su Agencia Antidopaje (USADA) en el puente de mando, abrió las puertas al exitazo de Nesterenko. Potentísima, la bielorrusa aprovechó la ausencia de Kelli White, Torri Edwards, Chryste Gaines y Marion Jones. Las dos primeras purgan penas relacionadas con el dopaje. Gaines está bajo sospecha de la USADA. Con Marion Jones, nadie sabe lo que pasa. El consuelo para las americanas fue el segundo puesto de Lauryn Williams, la jovencita de la Universidad de Miami que tuvo en las tribunas a su padre, David, enfermo de leucemia: un viaje pagado con 10.000 dólares por un donante benéfico. Williams, campeona universitaria de Estados Unidos, marcó 10.96 limpios, mientras la USADA no diga lo contrario.
Si algo decidió la carrera, fue el rango físico de Nesterenko, que ya avisó en semifinales ante Campbell y Lalova. La bielorrusa salió como el expreso de Minsk, pero a falta de 30 metros pareció ralentizar. ¿O es que Williams se deslizaba como una diosa? Nesterenko se la vio encima, y apretó hasta el último de sus pistones de acero blanco: 10.93. Lauryn Williams cobró 10.96 entre el júbilo de su padre, que recibe diálisis diaria. El bronce fue para la jamaicana Verónica Campbell, en 10.97. La joven búlgara, Ivet Lalova, se frenó en la cuarta plaza con 11.00.
Superveteranas.
Antes hubo otra carrera de superveteranas. En la segunda semifinal, Merlene Ottey marcó 11.21, lo que le valió para quedar décima clasificada. Esta vez, Ottey sí ganó a Gail Devers, 12ª con 11.22. Si Ottey hubiera repetido su 11.14 de las series, habría entrado en la final, a los 44 años. A este paso, ver correr a Ottey y Devers será como aferrarse a superclases de un tiempo que va pasando. Si lo que la USADA hace sirve para limpiar el atletismo de tramposos, enhorabuena. Pero al que vea el físico de Nesterenko le gustaría preguntarse por las cosas que ocurren en los entrenamientos de esos inviernos en Minsk. Esa aceleración, ese acero blanco no parecían de este mundo. Evidentemente, no del mundo controlado por la USADA.
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Felicidad máxima
Siento felicidad y ganas de llorar a la vez. Aún no me he enterado bien de lo que se me ha venido encima. Quiero gritar y dedicar esta victoria a toda Bielorrusia y besar a toda Bielorrusia. Todas las personas de mi ciudad, Brest, comparten este triunfo. Tengo que comprender bien lo que ha pasado, no tengo la imagen muy clara. Sé que esto será una gran sorpresa para el mundo, pero estaba perfectamente preparada y sabía que éste era el momento perfecto para romper la barrera de 11.00 segundos. No me interesaban mis rivales. Estuve concentrada en hacer la carrera perfecta desde el principio hasta el fin.