Martínez: medalla de chocolate por quinta vez
Al lanzador leonés le faltaron 23 centímetros para subir al podio

Yuriy Bilonog, Adam Nelson, Joachim Olsen, Irina Korzhanenko, Yumileidi Cumba y Nadine Kleinert fueron los atletas que, 2.780 años después de la celebración de los primeros Juegos Olímpicos, tuvieron la histórica oportunidad de subir al podio del viejo estadio de Olimpia. A Manuel Martínez le faltaron 23 centímetros para ocupar un lugar entre esa media docena de lanzadores que triunfaron en el que ha sido uno de los acontecimientos más grandiosos y emocionantes de la historia moderna de los Juegos. Es la quinta vez que gana la medalla de chocolate.
Enclavado en medio de un paisaje idílico de bosque mediterráneo, la solemnidad que emana del recinto y la propia que nace de la competición olímpica creó una burbuja mística que envolvió el ambiente. Un ejemplo esclarecedor de ese imbuirse en el pasado fue el mismo Martínez antes de iniciarse la final. Salió el último del angosto túnel en ruinas con la mirada perdida. Caminaba despacio, como intentando degustar cada uno de los instantes de una ocasión única. Ni hablaba, ni miraba a sus rivales. Se sentó en el banco de madera buscando la inspiración que le llevara a una gloria.
Luego vino la competición. ¡Yaaaaaaaah!, ¡Me he abierto! ¡Se me ha ido a la izquierda! ¡Mierda, Mierda! fueron sus exclamaciones en los dos primeros tiros y en el quinto, en el que pudo lograr la medalla de haberlo orientado mejor y haber empujado y el nulo del último, el que no se debe desperdiciar.
Esto mismo debió pensar el maleducado y estrambótico Nelson, que estuvo a punto de llevarse el oro con su único y primer lanzamiento válido (21,16). Por los gestos que hace antes de lanzar, parece más un luchador de pressing catch que otra cosa. El tipo pone cara de enfado y al grito de ¡Come, lets go! se sacaba la sudadera y corría hacia el foso para ejecutar el lanzamiento. El primero fue intimidador, pero luego el papelón no le sirvió más que para darse un costalazo en uno de sus intentos y gritarle desesperadamente al árbitro que cantó el nulo. Los dioses debieron ver una aberración coronar a un campeón con esas trazas y le dieron el oro en el último tiro al ucraniano Yuriy Bilonog, que, de paso, había firmado el mejor concurso.
EL CAMPEÓN: Un viejo y gigantesco conocido
Cuando en los Mundiales Júniors de 1992 Manolo Martínez ganó la plata, el oro fue para Bilonog, el campeón olímpico de ayer. Es, pues, un viejo conocido. El ucraniano, un gigante de 2,00 metros de talla y 135 kilos de peso, fue quinto en los Juegos de Sydney 2000, tercero en los Mundiales de París 2003 y es el actual campeón de Europa, en Múnich 2002. Lanza con el estilo clásico, como Manolo.
Fue bronce hasta el 3º intento
Martínez estuvo en posición de medalla de bronce hasta la tercera ronda de lanzamientos, cuando el danés Joachim Olsen llegó a 21,07 metros y superó los 20,70 con que el leonés había iniciado la competición. Hasta ese momento sólo le superaban el ucraniano Yuriy Bilonog, que iba a ser el vencedor, y el estadounidense Adam Nelson. Martínez mejoró sus 20,70 en los tiros cuarto (20,78) y quinto (20,84), insuficientes para retornar a la tercera plaza.
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Los otros cuatro cuartos puestos del español
Esta es la quinta vez que Martínez es cuarto en una competición internacional. Ayer 23 centímetros impidieron que su chocolate se convirtiera en bronce. En los Mundiales de Edmonton 2001 hubo dos centímetros entre Manolo y el finlandés Arju; en los Mundiales en sala de Maebashi 1999, diez entre el leonés y Bilonog; en los Europeos en pista cubierta de París 1994, 19 con el islandés Gudmundsson, y en los Mundiales en sala de Barcelona 1995, 39 respecto al yugoslavo Peric.
