Grecia expulsa de los Juegos a sus atletas Kenteris y Thanou
Por cinco votos a favor y uno en contra, el Comité Olímpico Griego se adelantó a la decisión del COI. Los griegos recuperan el orgullo. La medida se corresponde con el sentir de la calle

El Comité Olímpico de Grecia decidió expulsar ayer de su delegación a los atletas accidentados (por tantas cosas) Kostas Kenteris y Ekaterina Thanou. Lo que confirma que hubo pacto con el Comité Olímpico Internacional (COI) para posponer cualquier decisión al día siguiente del de la inauguración de los Juegos: las portadas de los periódicos e informativos de todo el mundo no podían compartir fiesta y escándalo por dopaje.
Apenas 24 horas después del gran éxito en la ceremonia inaugural, las autoridades deportivas helenas decidieron cortar por lo sano y decirle al mundo: Nosotros estamos limpios; es cosa de ellos dos; fuera. Lo decidieron en una votación sin posibilidad de error: por 5-1 se impusieron los directivos partidarios del castigo ejemplar.
A la hora de cerrar esta edición, el Comité Olímpico Internacional mantiene sus planes de investigación y espera que mañana lunes Kenteris y Thanou se presenten al control antidopaje que se perdieron por caerse de la moto (¡?), según se pactó el jueves. Conviene aclarar que perdida su condición de olímpicos, los controles serían ya cosa de la Federación Internacional de Atletismo o de la Agencia Mundial Antidopaje, aunque el COI continuará con sus pesquisas para averiguar qué pasó en realidad aquella tarde.
Los atletas siguen ingresados en el Hospital de Traumatología y Rehabilitación de Atenas, en las habitaciones 601, 602 ó 603, bajo custodia en la planta y sin que persona ajena al deporte griego y al personal del centro médico haya podido acercárseles.
La decisión del comité griego casa con el sentir de la calle. Grecia ha arrinconado a los que fueron sus ídolos. El gigantesco esfuerzo que ha hecho Atenas para dar al mundo los mejores Juegos Olímpicos merecía momentos sublimes como el vivido el viernes en el estadio olímpico (¡olé y olé, señor arquitecto Calatrava!) y no las horas de sorpresa, desesperación y vergüenza que asolaron al país tras conocerse que dos de sus mejores deportistas se habían caído/tirado de la moto.
El pueblo había dado ya su veredicto, antes de que se reuniera su comité olímpico: No merecíamos vivir esto. Los comentarios en la calle y el sentir de la gente de a pie circula en el sentido de que el deporte y los deportistas han recibido una magnífica lección: no se puede hacer trampa, ni siquiera vivir con esa sospecha. Hay que ser como la mujer del César, que era romana pero viene al pelo: además de honrada, hay que parecerlo. Jamás ya Kostas Kenteris (campeón olímpico, mundial y europeo de 200 metros) y Ekaterina Thanou (subcampeona olímpica de 100) recuperarán del todo la estima y la confianza de los suyos después de esto. Habrán podido ganar títulos, dinero e influencias, pero la sospecha de que han jugado sucio les acompañará hasta el fin de sus días deportivos, y quién sabe si de los otros. En momentos como éste, aquel brutal testimonio del ciclista Jesús Manzano en AS sobre la materia recupera su relevancia total, absoluta y mundial: la mierda, con perdón, hay que erradicarla. Atenas despertó ayer relamiéndose con su gran triunfo en la puesta en marcha de los Juegos y se acostó habiéndose quitado un gran peso de encima, convencida de que, al final, ganará la verdad. No olviden que aquí empezaron los Juegos, la democracia, casi todo, presumía ayer un voluntario en un perfecto castellano. Esa es la cuestión, más allá de pactos entre comités, maniobras para salvar la cara de los Juegos o condenas inevitables a tramposos.
Defensa.
La nota discordante en cuanto a la expulsión de los dos tramposos griegos la dio ayer el abogado de ambos, Michalis Dimitrakopoulos. No tienen nada que temer si se respeta la legalidad. Tenemos plena confianza en el Comité Olímpico Internacional, declaró, para añadir después a modo de explicación: El COI sabía que Kenteris y Thanou estaban en la Villa Olímpica, pero nadie se acercó a ellos. Su accidente de moto no fue simulado. Nikitas Kaklamani, el ministro griego de Salud, les visitó en el hospital y ha podido comprobar su estado. Poner en duda ese accidente es dudar también de la palabra del propio ministro.
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Y Dimitrakopoulos parece enchufar el ventilador para salpicar aquí y allá. Nadie se ocupa de otros atletas, que están en Creta, en alusión al equipo de Estados Unidos, aposentado en la isla a la espera de que comiencen las competiciones atletismo, lo que sucederá el día 18 (peso, en Olimpia) y el día 20 (resto de competiciones).
También les defiende su entrenador, Christos Tzékos, como es lógico. Hemos actuado siempre dentro de la legalidad.