La pasión griega se desata con el fútbol
El país vive en euforia colectiva tras ganar la Eurocopa

Grecia comenzó a vibrar ayer con sus Juegos. En Salónica, a 525 kilómetros de Atenas, y con un partido de fútbol entre Grecia y Corea se puso ayer de manifiesto lo que será la temperatura ambiental en aquellas competiciones en las que haya participación local. Ni la distancia, ni la rivalidad entre los habitantes de Salónica y los atenienses, supusieron impedimento alguno para que ayer las 36.000 localidades del estadio Kaptanzoglio fueran vendidas.
Se habla de una especie de infierno de la pasión griega, en el que los helenos intentarán combinar el gran número de decibelios que generan con grandes dosis de autocontrol para no armar los bochornosos espectáculos que durante años, sobre todo en el fútbol y en el baloncesto, han protagonizado sus hinchadas. Ruido sí, mucho, el que sea necesario para llevar en volandas a sus deportistas. Vandalismo no. Este el mensaje que están transmitiendo los organizadores a sus ciudadanos.
Estruendo.
Y así se comportaron estos desde el primer minuto, cuando el uruguayo Jorge Larrionda le mostró la tarjeta amarilla a Papadopoulos. La pitada general fue el primer estruendo que inundó las gradas. A la que siguieron manos desesperadas sobre las cabeza ante ocasiones fallidas, bruscos aspavientos de brazos ante los errores arbitrales, voluntarios que ejercen al mismo tiempo de hinchas... Ni siquiera el gol de Corea apagó a la grada, todo lo contrario. Les jalearon hasta que empataron.
Un par de horas antes del encuentro, la avenida que da acceso al estadio y los bares de alrededor estaban ya poblados de aficionados con banderas que hacían de capas, caras pintadas y camisetas, muchas camisetas de Charisteas, el jugador que les dio la Eurocopa y que ha sido endiosado.
Van los griegos en familia, en pandilla, o en solitario con andares convencidos. El país vive en una nube de euforia y optimismo que explotó con el triunfo en la Eurocopa. Aquel éxito, basado en el trabajo colectivo y en la humildad, ha servido para impulsar su estado de ánimo ante el inicio de los Juegos. El grito de Hellas, Hellas, es uniforme y acompasado. Retumbará en todos los recintos deportivos como símbolo de unidad y de compromiso ante un evento en el que la comunidad internacional medirá la capacidad organizativa, el desarrollo y la conducta de una nación que se apasiona con el deporte y con sus deportistas. Hablan admirados de Kostas Kenteris, el velocista al que Maurice Green ya ha señalado como el gran favorito para adjudicarse los 200 metros, de Katerina Thanou, candidata a medalla en los 100m y de Tyrros Dimas, que busca su cuarta medalla de oro en halterofilia. Para ellos, y para todos sus deportistas, estan dispuestas sus estruendosas gargantas.
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Sentimiento anti yanqui
Durante el primer ensayo de la ceremonia inaugural, el público griego que se dio cita en el estadio olímpico mostró una reacción contraria a Estados Unidos (la delegación palestina, en cambio, fue la más aplaudida). Cuando desfiló la bandera estadounidense se escuchó una sonora pita. Los atenienses no olvidan la afrenta que supuso que los Juegos de 1996 se disputaran en Atlanta, justo en el año en que se cumplía el centenario de los disputados por primera vez en Atenas. Aquella decisión, impulsada por las presiones de Coca-Cola, cuya sede está en Atlanta, supuso que se celebraran los primeros Juegos exclusivamente con iniciativa privada.