A por las 23 medallas
Fútbol: Grecia empató a dos con Corea en el primer partido del torneo. Dopaje: La ciclista de montaña Janet Puiggrós no estará en Atenas tras su positivo por EPO. Baloncesto: Hasta EE UU teme a la Selección española

Para España, la Montaña Mágica de Montjuïc fue el Everest. La cima. Lo más alto a lo que se puede llegar. Por ahora. En Atenas, qué mejor sitio, qué lugar más olímpico, España quiere llegar al cielo, más allá del Everest. Un poco más arriba. Al Olimpo. Al monte de los dioses. La máxima altitud que los deportistas españoles han conquistado en los Juegos Olímpicos es de 22 medallas, aquellas de la Ciudad Condal. Y como lo peor en las más asesinas de las cumbres no es subir, sino descender (que se lo pregunten a los héroes de Al Filo de lo Imposible en el K-2), la bajada olímpica fue criminal: 17 medallas en Atlanta, 11 en Sydney. El tesoro conquistado en las cumbres de Montjuïc reducido a la mitad en las playas de la ciudad austral.
Por supuesto que antes del Montjuïc-Everest éramos mucho peores, con un récord de seis metales en Moscú 1980, en aquellos Juegos en los que Estados Unidos y otros países occidentales dieron nones a la Unión Soviética invasora de Afganistán. Pero eran otros tiempos.
Montjuïc. Ahora no nos miramos en el pálido y triste, aunque bello, espejo de Moscú, sino en el resplandeciente fulgor de Barcelona. Nuestro modelo no es la Plaza Roja; es la Fuente de Montjuïc, con sus chorros de aguas multicolores agitadas al viento, en la noche cálida y mediterránea, con aquel ¡Barcelona...! de Freddy Mercury y Montserrat Caballé que ponía la piel de gallina, las lágrimas en los ojos, las aguas en el cielo.
Veintitrés medallas. Es el reto. Una más que en la Ciudad Condal, en aquellos días que cambiaron el deporte español. ¿Es posible? Lo es. Atenas no tiene para nosotros una magia más potente que Barcelona, pero es que el deporte español se ha alimentado de los éxitos de Montjuïc para crecer y crecer. El COE es menos ambicioso y se conforma con una cosecha de 15 a 20.
España aspira teóricamente a medio centenar de medallas en la capital griega. Y las estadísticas dicen que la mitad de las esperanzas se convierten en certezas, que el querer ser y el ser está al 50 por ciento.
Por supuesto, entre el sueño y la realidad hay una diferencia. Y una cosa son las posibilidades y otras las certezas. No quiere decirse que todos los reseñados en la tabla de la página de al lado vayan a subir al podio ateniense. por ejemplo, cada uno de los españoles de 3.000 metros obstáculos puede subir al podio, pero no todos juntos, claro. Se trata, en fin, de frenar la caída libre de los Juegos de Atlanta y de Sydney. Y no sólo de frenarla, sino de remontar el vuelo, de sobrevolar a Barcelona, de ver la montaña mágica de Montjuïc desde lo alto, desde lo que corresponde al deporte español de nuestros días. De subir a la Acrópolis.
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Opciones en quince deportes
España puede conseguir medallas en quince de los 24 deportes en los que va a competir en Atenas. Sería un éxito, porque en Barcelona 1992 los españoles subieron al podio en once especialidades; en Atlanta 1996 en diez y en Sydney 2000 en otras tantas. También aquí se trata de reducir la tendencia a la baja.
