Ciclismo | Tour 2004

Ni contigo ni sin ti

Flecha y Martínez se picaron y dejaron ganar a Moncoutie

<b>BRONCA. </b>Egoi Martínez, a la izquierda, no se entendió con Juan Antonio Flecha y ambos dejaron escapar al francés Moncoutie y a la victoria final.
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Tres escapados: un catalán nacido en Buenos Aries (Flecha), un navarro (Egoi Martínez) y un francés (Moncoutie). El pelotón a ocho minutos. En un momento de la fuga los españoles conversan y alguien sugiere que tal vez estén llegando a un acuerdo, no tanto para deshacerse del francés (la Policía no es tonta) como para no perjudicarse entre ellos. Aunque el comentario me ilusiona, lo primero que se me pasa por la cabeza es que éste no es mi país que me lo han cambiado. Como no sé si me lo han cambiado, no digo nada.

Cuando faltan menos de quince kilómetros para la meta, Flecha demarra e intenta escaparse de los escapados. Martínez, quizá ofendido porque no avisó, va tras él y arrastra en su captura a Moncoutie. Tras varios segundos de tregua (dos o tres) quien lo intenta es Moncoutie. Nadie sale en su busca. Martínez mira a Flecha y éste, dolido con quien le atrapó, se desentiende y comienza un diálogo de besugos que no necesita palabras: vete tú, no voy a ir yo para que ganes tú, no haberme cogido, no haberme atacado, pues yo paso, pues yo también, pues que gane el francés, pues que gane, que es buen tío, no como tú.

Y Moncoutie, mientras se dirige a meta, piensa que se quiere comprar una chalecito en la Costa Brava y otro en Etxarri-Aranatz, porque sabe que se sentirá como en casa, ¡viva la España de los pueblos!

El francés cruza la línea de meta con más de dos minutos de ventaja, realmente emocionado porque es un buen ciclista al que le cuesta un parto lograr triunfos. Los españoles, como no se ajuntan, se juegan el segundo puesto al sprint, Flecha, plata y Martínez, bronce, medallitas de chocolate.

No soy tan ingenuo como para pretender que los nuestros se hubieran ayudado, me hubiera conformado con que no se hubieran torpedeado, con que se hubieran comportado como un polaco y un australiano, suficientemente maduros como para darse cuenta de que tenían que haber colaborado en la caza del escapado, al menos haberlo intentado, si no por inteligencia, por profesionalidad.

Torpeza.

Tampoco entiendo cómo sus directores en esos momentos no dan un grito hipohuracanado a través del infausto pinganillo, cómo no reconducen a los muchachos, a no ser que los directores tampoco se ajuntaran, pasa que los niños se lían a pedradas y las madres acaban más enfadadas que ellos.

Detrás de uno de los cables estaba el mítico Giancarlo Ferretti y detrás del otro el ínclito Julián Gorospe, que tiene más peligro con un micrófono que Orson Welles en La Guerra de los Mundos.

Ninguno se libra. Flecha, el más experto de los fugados (ganador hace un año en Toulousse e incansable en esta edición), atacó demasiado pronto, y Martínez (vencedor del último Tour del Porvenir), el más joven, debutante, y por tanto quien debía ser más entusiasta, pecó de conformista, una falta de viejo sin porvenir.

En el pelotón no se movió nadie, pese a que el terreno daba para alguna licencia. Dominaron los franceses de La Boulangere, equipo que no ha chupado tanta cámara en su vida, y los favoritos estuvieron juntos, quizá consolando a Tyler Hamilton por la pérdida del alegre Tugboat.

Lance Armstrong superó un nuevo día sin más sobresalto que las palabras de su compatriota Greg LeMond en la prensa francesa, donde le acusa de consumir sustancias dopantes. Para que vean que los americanos no están mucho mejor que nosotros en lo que se refiere al amor fraterno.

No son nuevas las declaraciones de LeMond, triple vencedor del Tour que hubiera ganado cinco o seis de no haber recibido un disparo en una cacería (se perdió dos ediciones, las de Stephen Roche y Pedro Delgado) y de no haber regalado un Tour a Hinault, el de 1985.

Envidia, despecho o verdad, quién sabe. Lo que está claro es que si el estadounidense recibe alguna ayuda no será diferente de las que utilizan los 50 primeros de la carrera o de las que tuvo el propio Greg LeMond. Digo yo.

La película

Km 34. Se suceden los intentos de fuga pero los hombres del US Postal no permiten ninguna escapada.

Km 62: Al paso por el Côte de Mur-de-Barrez David Moncoutie, Egoi Martínez y Juan Antonio Flecha se marchan escapados con 1:50 de ventaja.

Km 80. 5:00 de ventaja para el trío de fugados a falta de diez kilómetros para iniciar el ascenso al Côte de Montsalvy, de segunda categoría.

Km 93. El trío de cabeza inicia la ascensión con 7:22 de ventaja sobre el pelotón.

Km 100. Egoi Martínez, David Moncoutie y Juan Antonio Flecha coronan el puerto y mantienen su ventaja.

Km 129: A 25 kilómetros de meta, los escapados tienen una ventaja de 8:03.

Km 154: Flecha intenta la escapada a diez kilómetros del final. Le sigue Martínez, y Moncoutie a rueda. El francés contraataca y se queda en cabeza en solitario.

Km 157: Flecha y Egoi Martínez no se ponen de acuerdo, y Moncoutie coje 43 segundos de ventaja.

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Km 163: Último kilómetro. El francés ya tiene 1:38 de ventaja.

Km 164 (meta): Gana David Moncoutié. Flecha y Egoi Martínez llegan a 2:15. El pelotón llega a 5:58.

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