Ciclismo | Tour 2004

Ahogado en la orilla

Landaluze fue capturado a escasos diez metros de la meta

Landaluze, de naranja, al ser rebasado por el pelotón.
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Bastante tormento tendrá Íñigo Landaluze como para que nosotros digamos ahora que fue culpa suya, no exclusivamente suya, eso sí, pero casi, podríamos disculparle un poco señalando que el crimen no lo cometió solo, sino en compañía de otro, será casualidad, pero cada vez que tiramos del cable de un pinganillo sospechoso nos encontramos con Gorospe al otro lado.

Landaluze, que se escapó junto al italiano Simeoni en el kilómetro 38, fue atrapado a escasos diez metros de la meta, después de 122 kilómetros de fuga. Después de verse sometidos a una persecución angustiosa, que fue limando los diez minutos que llegaron a tener de diferencia, ambos entraron en el último kilómetro con 19 segundos de ventaja sobre el pelotón, tiempo suficiente para que se jugaran la victoria entre ellos. Sin embargo, en ese momento, su ritmo decreció. Y Landaluze se puso a rueda de Simeoni para intentar sorprenderle, como si no ocurriera nada por detrás. Así pasaron la última curva, un repecho, seguidos casi de inmediato por el motorista que abría paso al grupo, que giraba la cabeza atónito, todos somos gacelas cuando las persiguen los leopardos.

Pero ni siquiera al divisar al pelotón decidió atacar Landaluze, esperó unos segundos más. No lo hizo hasta que quedaban 150 metros, pero ya era tarde. Las fieras estaban demasiado cerca. Poco importó ya que demarrara con fuerza o que el italiano estuviera completamente muerto, también lo estaba Landaluze, décimo en la etapa que ganó McEwen.

Hasta aquí los hechos. Ahora cabe preguntarse de qué sirven los pinganillos si no es para dar referencias en situaciones como esa, para gritar salta ya, no esperes más. El ciclista asegura que le recomendaron sangre fría, no lo dudo, y es hasta posible que por el optimismo que se transmite desde el coche de su director le hubieran dicho diez kilómetros antes que estaba cazado, que la vida no tiene sentido y que seremos pasto de los gusanos.

No obstante, a pesar del error, nada quita mérito a Landaluze, porque sólo los valientes se encuentran ante situaciones parecidas. Lo malo es intentarlo un martes 13, el día dedicado al dios Marte, guerrero y caprichoso, coronado con el número maldito, el de comensales que se sentaron en La Última Cena (como ven, acabo de leer El Código Da Vinci). Tampoco es recomendable largarse con un tipo como Simeoni, que en 2001, cuando ganó su primera etapa en la Vuelta (también se llevó una el año pasado), cruzó la línea de meta caminando y con la bicicleta en brazos, para hacer la gracia.

Hoy será otra jornada para atrevidos, aunque de rango superior. Es un día señalado que no deja de ser temible por muy anunciado. Es el primer momento para intentar ganar el Tour. Si hay guerra, es difícil prever cómo responderán los cuerpos después de 200 kilómetros y la etapa tiene 237.

Será el primer contacto real con la montaña. Hay un puerto de primera a 64 km de meta, Puy Mary, bonito nombre. Allí se citarán los valientes. Desde su cima hasta la llegada en Saint-Flour, en lo que podríamos considerar la prórroga del partido, habrá que subir todavía una cota de tercera y un puerto de segunda, a 32 km de la conclusión. Hay espacio y terreno para hacer muchísimo daño. Y para hacérselo, no lo niego. Pero es que otra cosa será desfilar firmes y calladitos hacia los mataderos Armstrong, especialidad en hamburguesas.

La película

Km 0: Parten 173 ciclistas. No lo hacen el francés Dumoulin, lesionado en una caída, y el italiano Casagranda y el esloveno Hvastija, expulsados por estar procesados por dopaje.

Km 34: Abandona el estonio Kirsipuu, ganador de la primera etapa. Hasta el momento, múltiples intentos de escapada en los que han intervenido Serrano, Unai Etxebarria y Flecha.

Km 38: Saltan el vizcaíno Íñigo Landaluze (Euskaltel) y el italiano Filippo Simeoni (Domina Vacanze).

Km 55: El holandés Kroon (Rabobank) sale del pelotón para intentar unirse a los escapados, que tienen ya tres minutos de avance.

Km 92. Máxima ventaja para el dúo de escapados: diez minutos y cinco segundos; Kroon circula a casi cinco minutos.

Km 93. Seis equipos se sitúan en cabeza del pelotón y aceleran notablemente el ritmo (55 km/h).

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Km 151. Caída del español Pradera y del noruego Arversen. La ventaja del dúo es de 1:40.

Km 160 (meta): Landaluze y Simeoni son atrapados a diez metros de la línea por los primeros velocistas. Vence el australiano McEwen.

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