La carrera se mueve
McEwen se impone al sprint y Hushovd es el nuevo líder.

Ganó McEwen, que es un velocista malvado con cara de conejo con mixomatosis, y se puso líder un noruego de apellido impronunciable (para mí), Hushovd, al tiempo que dos ciclistas volaban por los aires en el sprint, pues alguien colocó una curva en la última recta, tal vez alguno de esos señores de traje que esperan junto al podio para estrechar la mano de los corredores, ministros, alcaldes y excelencias por el estilo.
Por lo que se refiere a los nuestros, que son los españoles hasta que no nos queden, entonces nos haremos alemanes o americanos, según tengamos el cuerpo, por lo que se refiere a nuestros compatriotas, digo, no hay que preocuparse. El accidente del sprint nos pilló lejos y quien tuvo problemas antes, Heras, supo solventarlos. El líder del Liberty, peso pluma en estos combates de codazos y encerronas, se quedó cortado dos veces y dos veces recuperó la estela del grupo, con la inestimable ayuda de los lebreles de su equipo. Hoy será otro cantar.
La jornada comenzó con aire festivo, quizá por el sol o quizá porque la rockera Sheryl Crow, la novia de Armstrong, se presentó en la salida para animar a su churri. Basta imaginar las pacientes explicaciones de Lance a la muchacha para que entienda lo que es un desarrollo, un eje pedalier o un abanico para volver a creer en el amor y no dudar jamás de su poder idiotizante.
La escapada del día la protagonizaron seis ciclistas (Piil entre ellos), ningún español, y su intento, que no pasó de los cinco minutos de ventaja, duró 165 kilómetros, hasta que el pelotón apretó el acelerador, curiosamente comandado por el US Postal, pues Armstrong quería mostrar a Sheryl lo que es un abanico con un ejemplo práctico, es natural que la chica se atasque, es nueva.
Según se acercaba la meta, fue el Fassa Bortolo quien asumió la responsabilidad, con esos relevos frenéticos que tienen por objetivo dejar a Petacchi a los pies del tálamo. Cancellara, que dijo adiós a su maillot amarillo, dio el tirón más largo, seguramente para despedirse.
Pero, como sucedió en la primera etapa, cuando se apartaron todos no apareció Petacchi, sino el resto de la jauría. Además de McEwen, tuvo mucho mérito Hushvod, que pinchó poco antes y tuvo tiempo de salirse de la viñeta y volver a entrar antes del fin. El noruego es el primer líder del Tour de ese país y ya que tengo la lista en la mano les diré que Suiza, gracias a Cancellara, ha superado a España en el ránking de líderes por naciones (9 a 8). Si nos faltaba un motivo para dinamitar la carrera, ya lo tenemos.
Al finalizar la etapa, el rey Alberto II de Bélgica (vaya año de bodas) se unió a los saludadores de traje y el nuevo líder mostró igual emoción con las guapas azafatas que con los señores. Hushovd, de nombre Thor, se compara en su página web con el mitológico dios escandinavo que a martillazos creó el trueno: Thor es indestructible. Los fiordos dan alas.
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Hoy se disputará una etapa trampa que para empezar a asustar comienza en Waterloo. En ella se atravesarán dos tramos de adoquín que amenazan con romper la carrera, aunque sólo sea porque por donde querrán pasar todos, por el caminito de tierra, únicamente cabrá uno, dos muy apretados.
Casi más peligroso que el terreno (el pavés no supera los cuatro kilómetros) es la obsesión que genera la jornada, estudiada al milímetro por directores y ciclistas, todos citados en el mismo sitio a la misma hora. Hoy preguntará Sheryl que si les asusta tanto el adoquín por qué no lo asfaltan. Apuesto algo.