Wimbledon | Final masculina

Wimbledon es ya el club privado de Roger Federer

Segundo título consecutivo del número 1 mundial

<b>THE END</b>. Roddick había disparado su última bala. Y la coraza llamada Federer es un héroe arrodillado.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

El californiano Bradley Gilbert, de 42 años, fue un jugador que desesperaba a McEnroe o a Connors... pero que se estrelló 16 veces de 16 contra la derecha maquinizada de Iván Lendl: 16-0. Yo era propiedad absoluta de ese hombre. No podía dar con un modo de ganarle, recuerda Gilbert.

La última vez, la que hizo el 16-0, Gilbert tuvo ante Lendl 4-1 y ventaja en el tercer set. Nadie gana a Brad 16 veces seguidas, se relamía Gilbert. Pero el infeliz erró una volea clamorosa. Y perdió, claro. Allí mismo, cuando Gilbert se sentía miserable, un guiñapo humano, Iván Lendl, implacable, lo remató así: Podría estar en mi lecho de muerte con 40 de fiebre, y te seguiría ganando. Dicho esto, Gilbert se retiró. Y ha llegado a ser un buen entrenador que escribe libros arteros sobre cómo ganar feo.

Cuando Andre Agassi estaba en las profundidades, el muscular y amigable Gilbert lo recondujo a las alturas. Tras partir amigablemente con Agassi, Bradley, Brad, se hizo cargo de Andy Roddick, al que ya ha hecho número uno mundial y campeón del Open de Estados Unidos.

Es prodigioso el sentido que tiene Brad para verificar los defectos del contrario y hacer que te aproveches de ellos, dice Roddick. Sólo hay un problema en el mundo para el observador Gilbert: Roger Federer no tiene defectos. De siete partidos con Federer, Roddick ha perdido seis. Bueno, ya ha ganado algo más que Gilbert ante Lendl...

Al ataque.

Visto que a Federer, la mano que mece la hierba, el guardián del Grial de Wimbledon, no hay por dónde pillarle, el scout Gilbert diseñó para Roddick el único plan viable: atacar desde el primer golpe. No dar ritmo al campeón. Atacar con el saque-cañón de Roddick, plusmarquista mundial del asunto. Atacar con restos, con derechas, con subidas a la red y remates volantes: Roddick (1.85) machaca bien en el aro de baloncesto. Federer se limita a hacer tenis. Pero qué tenis...

El plan de Gilbert sólo tenía un problema: Federer, claro. Forzando lo indecible y jugando un golpe ganador tras otro, Roddick se apuntó el primer set y llegó a recuperar un 0-4 en el segundo.

Noticias relacionadas

Les describiré el saque de Roddick: se pone de canto, sube sobre las punteras totalmente, ballestea como para estoquear un Miura y, en salto, lanza un estacazo. O descarga de fusilería. Es una suma de fuerzas: la fuerza en tensión del cuerpo de Roddick, tras una torsión completa. Y la bola va a 225, 230... o 245 kilómetros por hora. Creo que Andy sacará a más de 250, dice desdeñosamente Gilbert.

Para desdeño, el de Federer. Ayer, el corsario Gilbert no tuvo forma de salvar al soldado Andy. Entre parones, la exquisita sensibilidad de Federer detuvo primero y toreó después el asalto de Roddick. La marea de Andy se extinguió en la playa de hierba y Federer, máquina suave de mano delicada, se arrodilló ante su segundo Wimbledon consecutivo. Es casi invencible, dijo Roddick. En el ocaso, Brad atisbó la sombra maléfica de Lendl.

Te recomendamos en Polideportivo