Tour de Francia | Prólogo

Armstrong ruge primero

Cancellara, primer líder; el americano cede dos segundos

<b>GANADOR SORPRESA</b>. El suizo Fabián Cancellara se exhibió en la crono y se vistió de líder en su primera participación.
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Ganó Cancellara, nuevo líder, un joven suizo de origen calabrés y 23 años al que nadie miraba, doble campeón del mundo júnior, de la misma generación que Valverde y Cunego, dos ciclistas mejores que la mayoría de los que corren el Tour, pero ausentes porque sus representantes o sus directores no quieren quemarlos no vaya a ser que se hagan héroes antes de tiempo, piano piano, ya llegará el momento, a no ser, claro, que se te caiga el piano encima. Dos segundos más tarde que Cancellara (y un año antes que Valverde y Cunego) se clasificó Armstrong, que metió más miedo que tiempo, quince segundos a Ullrich y 19 a Mayo, 35 a Heras. Los perseguidores lo seguirán siendo.

Por si nos cabía alguna duda, Armstrong no perderá él solo, habrá que ganarlo. Y luego, rematarlo: ajos, estaca de madera y bala de plata. Y después, asegurar los clavos. Cuando lo tiremos al mar encerrado en una cámara de acero convendría que fuera en zona de tiburones, tiburones blancos superasesinos.

Y no lo digo para deprimirnos, al contrario. Armstrong es grande y eso es realmente fantástico porque obligará a la excelencia a quien se atreva a vencerle. Y empezaba yo a temer que este Tour lo ganara cualquiera, un nombre de transición, aunque fuera uno de los nuestros.

En el día que apenas sirve para nada, el americano que muerde rugió. No sólo fue un golpe de efecto, algo vano, fue un plano de situación: sigo mandando. Mayo, flamante vencedor del prólogo en la Dauphiné, dijo al finalizar la etapa que esto es diferente, es el Tour, como disculpándose. Y hubo otro favorito que afirmó que Armstrong siempre llega bien a este momento. Esa era la idea. Hay que cuidar las declaraciones porque jugando a ser sumisos ya ha ganado cinco y quiere más.

Más allá de la influencia psicológica, de lo simbólico, las diferencias no significan nada. De hecho, los aspirantes rondaron los mismos tiempos. Los encabezó, como se suponía, Ullrich, con los pómulos más marcados que nunca, asombrosamente afilado. Su extraña habilidad para ver rectas las curvas explica su retraso, pero su aspecto presagia batalla. De los favoritos, fue Roberto Heras quien tuvo un rendimiento más decepcionante. El Tour es largo y no hay que afligirse, a no ser que pienses que en los tiempos que corren para recuperar 35 segundos en una montaña muchas veces hay que organizar el Desembarco de Normandía o similar.

El tercer clasificado, tras Cancellara y Armstrong, fue el cántabro Iván Gutiérrez, campeón de España contra el crono y corredor del Illes Balears, equipo antes conocido como Banesto y antes aún como Reynolds. Adaptarnos al nuevo nombre será tan complicado como llamar a Cat Stevens Yusuf Islam, o peor.

Iván Gutiérrez es un ciclista prometedor, extremadamente elegante, que pareció atascarse un poco, aunque cuando miras su DNI descubres que eres un alarmista porque sólo tiene 25 años. No pasa mal la montaña y el día que la pase bien, si llega, habrá estrella.

El símbolo.

Hablando de campeones y hablando de estrellas hay que mencionar a Paco Mancebo, que lució su maillot de campeón nacional como mandan los cánones, rojo amarillo y rojo en toda su extensión, nada de diseños posmodernos que con la excusa de lucir publicidad ocultan bandera, víctimas quienes lo traman de extraños complejos. Y el ciclismo, lo recuerdo, aprovechando que es el prólogo y no hay mucho que contar, es símbolo. Amarillo, rosa y arco iris y si eres supersticioso, o te parece de poco hombres, te dedicas al fútbol o a las tabas.

Una de las grandes incógnitas del día la provocó, cómo no, el atuendo de Cipollini, que está perdiendo facultades y se vistió con cierta sobriedad, azul y negro y algunos dibujos de cables y circuitos, cuando muchos esperaban que en su visita a Bélgica se disfrazara, al menos, de reina Fabiola. Fue obligado, eso sí, a cortarse las perneras.

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Entre las apariencias curiosas también hay que destacar la de Botero, orondo como los personajes de los cuadros del autor del mismo nombre. Su fichaje por el Telekom no ha contribuido en nada en aplacar su melancolía y da la impresión de que se ha dado a la comida.

Hoy se disputa la primera etapa en línea y con ella la lucha por las bonificaciones: 6, 4 y 2 segundos en los sprints especiales y 20, 12 y 8 en meta. McGee, bien colocado para luchar por el amarillo, Armstrong vigilante.

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