Ciclismo | El Perfil

El triunfo de la perseverancia

Chema Bermejo
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En 1983 Bernard Hinault firmó una gran exhibición por la Sierra de Gredos que le llevó a ganar la Vuelta a España. Al día siguiente un niño de siete años salía en bici dispuesto a subir los 25 kilómetros que hay desde su pueblo, Navaluenga (Ávila), hasta el Puerto de Serranillos para buscar las gorras y los bidones que los ciclistas habían podido tirar a su paso. Paco Mancebo fue capturado a tiempo, pero tres meses después intentó otra fuga, esta vez con éxito, hacia otro sitio, El Tiemblo, 50 kilómetros ida y vuelta.

Mancebo siempre ha sido así, perseverante, por mucho que le cueste llegar, lucha, sufre y, la mayoría de las veces, lo consigue. Él siempre quiso ser ciclista, quizá porque su padre fue el fundador del Club Ciclista Navaluenga-Martitegui, y nunca se desvió de su propósito. Llegó a trabajar en la carpintería de su padre, pero sólo aguantó dos meses. Y los estudios los dejó en segundo de BUP. Tenía 18 años, acababa de fichar por el Banesto amateur y ya no quería saber más de otra cosa que no fuera la bici.

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