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"Recurrimos al Brujo de Burlada"

Ciclismo | La vida de Iban Mayo

"Recurrimos al Brujo de Burlada"

"Recurrimos al Brujo de Burlada"

album familiar / Aitor martín

En 1996 fichó por Banesto, pero una anemia y un accidente le obligaron a colgar la bici; sus padres, desesperados, le llevaron al sanador más famoso de la zona.

En su segundo año en juveniles, Iban Mayo explotó. Ocurrió en 1995 cuando vestía el maillot de su primer equipo: el Opel-Ibaigane de Igorre. Ganó 27 carreras y quedó cuarto con la selección española en el Campeonato del Mundo juvenil de San Marino, lo que le convirtió en el blanco de todos los directores de los equipos aficionados. Lo quiso fichar toda España, incluido yo, pero la competencia era feroz, asegura Sabino Angoitia, su actual agente y entonces director del equipo Cafés Baqué.

Le ofrecían de todo. El equipo que dirigía Miguel Madariaga, ahora manager general del Euskaltel-Euskadi, le prometía el carnet de conducir y un coche. Banesto cogía cada año a los primeros quince de España. Y yo no podía competir con ellos, se sincera Sabino Angoitia.

Iban Mayo era un hombre afortunado. Podía elegir y al final acabó aceptando en 1996 la oferta de Banesto, uno de los equipos con más caché de España en ese momento. Pero la felicidad, desgraciadamente, duró poco. El corredor de Igorre empezó a enfermar por culpa de una anemia. El director de aficionados tenía unos cuantos corredores para ganar y el resto tenía que trabajar para ellos. Iban ya empezó a dar analíticas bajas, pero pese a todo, este señor le seguía forzando. Fue un año terrorífico. Fue un calvario para él, aunque nosotros también sufrimos muchísimo. Es muy duro para un chaval como Iban, que estaba muy acostumbrado a ganar, de repente pasar a tener que retirarse de las carreras, porque el pobre no podía más. Y lo peor es que no sabíamos lo que era, explica Francisco Mayo, su padre.

En una silla de ruedas.

La terrorífica campaña 1996-1997 acabó para Mayo con mucha más pena que gloria, pero lo peor aún estaba por venir: un inoportuno despiste en la carretera de su pueblo, cuando acudía a hacer la prestación social en la Cruz Roja. Al querer coger unas llaves que se le habían caído dentro del automóvil, se empotró contra un muro. Sucedía el 8 de agosto de 1997, el día de su veinte cumpleaños. Iban volvió a nacer. El parte médico del hospital de Galdakao diagnosticaba traumatismo facial, hasta cinco fracturas diferentes, además de una falta de hierro galopante.

Nos llamaron cuando estábamos en Tarragona de vacaciones. Qué susto, suspira la madre. Cuando llegamos al hospital, nos lo encontramos con la cara hinchada y las dos piernas colgadas. Parecía un monstruo, explica el padre.

El accidente le dejó postrado durante cuarenta días en una silla de ruedas. Y luego vino una larga y molestísima recuperación de casi medio año. No se quejaba nada. Es más duro..., asegura Mari Vega, su madre. Sufrimos mucho, corrobora Francisco Mayo.

La aparición de Sabino Angoitia en la vida de Iban Mayo fue providencial. Fui a ver a otro corredor al hospital, Asier Zabala, y él me dijo que en otra habitación estaba Mayo. Pregunté por él, pero ya le habían dado el alta. Le llamé a su casa para interesarme por su salud. Un mes después, me devolvió la llamada y quedamos. Aún caminaba con muletas, pero nos pusimos enseguida manos a la obra en su recuperación. Carlos Fontaura, que trabaja conmigo, hizo el trabajo osteopático, puntualiza Angoitia.

Hierbas y algas.

Sus padres le llevaron además al Brujo de Burlada, en Navarra, una especie de sanador famoso en la zona por curar enfermedades y dolencias a base de hierbas. La madre se empeñó, aclara Francisco. Este señor te dice lo que tienes mirándote el iris del ojo. Miró a Iban y le dijo: Tú estás blanco, estás vaciado. Y mi hijo le respondió: Es que soy ciclista. Le mandó tomar unas hierbas. Carlos Fontaura le recetó un tratamiento a base de algas y productos naturales (la madre recalca esta idea). Siguió tomando las hierbas del brujo porque Carlos Fontaura dijo que mal no le iban a hacer. Al final el parón le vino bien. En marzo de 1998 ya estaba corriendo, asegura orgullosa Mari Vega.

Ya bajo las órdenes del equipo de Sabino Angoitia, el Cafés Baqué, Iban Mayo empezó a participar en carreras: El primer año nos lo tomamos con calma. Fue un año duro con muchas sombras y algún que otro destello de calidad. Al año siguiente, en 1999, fue el mejor corredor amateur de España, concluye Sabino Angoitia.