Ventaja Ferrero
El valenciano y Verdasco, alegrías españolas bajo la lluvia de Wimbledon.


Dios salve a la Reina. A la Reina Martina, claro, cualquier cosa menos un fósil, puro esplendor sobre la hierba. A los 47 años, Martina Navratilova es el caso práctico del Capítulo I de esos célebres libros que hablan de quesos y de suerte. Suelen empezar así: "La suerte hay que encontrarla, pero siempre es mejor que se busque". Pasa en Wimbledon. Lo que hay en el All England, en la carretera londinense de Fulham Road, son bolas deslizantes, que se contonean como liebres. Nadie gana Wimbledon sin servir bien y sin jugar en cuclillas. Hay que tener fitness e instinto asesino: como Martina. Hay que saber que, si llueve, el partido puede pararse varias veces, varias horas. O se suspende. Las fresas con nata están cada día más caras, y los ingleses no van a mover un dedo porti, no te va a dar un mísero minuto más de entreno en esas pistas insultantemente verdes.
Noticias relacionadas
No: los ingleses, ingleses son. Lo de las naves del Rey Prudente que no pudieron luchar contra los elementos, ya queda viejecillo. Dios suele ayudar a quien tiene más artillería, como decían Napoleón y Stalin. ¿Rasputín? Bien, gracias. Como Martina, vaya. Sufrimientos. Pero en un día de lluvia y de apertura del All England, la Armada española ya sabe lo que le toca: ajo más agua. A sufrir y a aguantarse. El que pudo, Ferrero, fi rme, atlético y competitivo, sacó entre suspensiones los tres sets a Boutter. El sol, que tan cerca de aquí se puso para la Gran Armada, se despidió por la mañana cantando la victoria de Verdasco. Y... Ya con el sol a buen recaudo, llegaron esos problemas de los que escapó Ferrero justo a tiempo. Pero al mismo Coria le llegó la hierba hasta el cuello bajo el fuego cruzado del surafricano Wesley Moodie, que le empató a dos sets en la cuarta manga y forzó la suspensión. El saque de Coria es un gatito mojado por la humedad de Londres.
Moyá también está suspendido en busca de la recuperación de hoy: el robusto francés Oliver Patience arrancó el segundo set a Charly, a quien no vendrían mal algunas clases con Miss Martina. Si dejan los ingleses, claro. El sol se puso defi nitvamente para Corretja ante Stepanek, el gladiador checo de incisivos conejiles a quien Nadal abrumó en Brno aquel domingo nevado de Davis. Beto Martín también desapareció en ese Támesis o pesadilla que el tenis conoce como Fabrice Santoro. Federer, Hewitt e Ivanisevic cumplieron como los campeones que son. Para ellos, suerte, hierba, sol y nubes son meros incidentes: por eso ganaron Wimbledon alguna vez. Dios salve a la Reina y, si esta vez tiene tiempo, también a la Armada.