Mandan los centímetros
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Un sabio/viejo del basket me lo había anunciado: al Estudiantes se le fundirán los plomos. Y tenía razón: once partidos de playoff en un mes, una guerra a muerte cada tres días, han agotado las reservas del equipo colegial. Ya fue asombroso que tras el agotador 3-2 frente al Tau, con sólo dos días de reposo, mereciese el triunfo en el primer envite de la final contra el Barça. En el segundo, aunque se rozó la heroicidad, llegó el desplome. Si los 15.000 latidos del Vistalegre no recargan el marcapasos estudiantil, el Barcelona lo tendrá todo a favor para renovar título. Porque llega un momento en que cuenta tanto o más el físico que la calidad. Con una plantilla sobrada de gigantes por encima de los siete pies (2,13 m, dicho a la americana) al Barcelona le es más sencillo capturar rebotes que al Estudiantes, cuyos techos (Patterson, Jiménez) miden lo mismo que Bodiroga, el todoterreno barcelonista que juega con verduguillo.
Rebote es sinónimo de victoria, afirman en EE UU. "Contra Estudiantes siempre es clave el rebote", afirma Elmer Bennett en cada derby madrileño. La voracidad reboteadora ha hecho de Felipe Reyes un jugador especial, el rebote es la lanzadera del contraataque estudiantil, arma clásica y predilecta del club. Desde el arranque de la temporada, en octubre, Estudiantes ha disputado 62 partidos (45 en Liga, 16 ULEB, uno en Copa). ¿Resistirá tres más?
