Motociclismo | GP de Italia

Rossi le roba la gloria a Gibernau

Una apasionante carrera de MotoGP le dio la victoria en Mugello al italiano, que se vio favorecido cuando la aparición de la lluvia frenó los ataques de Sete.

<b>HIPERMOTIVADO.</b> Valentino Rossi tenía más ganas que nunca de darle una alegría a su afi ción y resistió en todo momento el acoso de Sete Gibernau. Lástima de lluvia...
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Cada día me gustan más las carreras de motos y eso que en el GP de Italia no ganó ninguno de los nuestros. Lo que no faltó fue presencia española en el podio de las tres categorías. En 125cc, Héctor Barberá acabó tercero (ganó Locatelli); en 250cc, Daniel Pedrosa terminó segundo (Porto); y en la clase reina, Sete Gibernau debió conformarse esta vez con la segunda plaza el día que Valentino Rossi volvió a demostrar que es un marciano, para jolgorio de un graderío que coreó su nombre con la misma fuerza que se venera a los ídolos del calcio.

Mugello rugió con la mejor carrera en la corta historia de MotoGP, salpicada por salvajes adelantamientos al más puro estilo de 125. Daba pavor ver llegar a 330 por hora al final de recta en paralelo a Sete, Rossi, Tamada y Biaggi. Por si fuera poco, la presencia in extremis de la caprichosa lluvia añadió un punto extra de incertidumbre. Debió pararse la carrera y celebrarse una segunda manga a sólo seis vueltas. Resultó un auténtico desmadre. Hasta cinco líderes diferentes conoció la prueba en su segunda manga, con una actuación estelar de Rubén Xaus. Este gladiador que se hace llamar El Hispano degustó por vez primera las mieles del liderato en la clase reina, aunque su inferioridad mecánica en la larga recta de Mugello (1.141 metros) impidió que superase la barrera del quinto puesto. Pero dejó el sello.

Parón perjudicial. Este parón resultó más maldito que nunca para las aspiraciones de Gibernau, quien pese a sucumbir en casa de su enemigo retuvo el liderato, aventajando ahora en diez puntos al dorsal 46. En la primera manga, el español realizó una mala salida que le situó séptimo. En otra época, eso hubiese supuesto decir adiós a cualquier opción de victoria porque los pilotos italianos no son de los que dan segundas oportunidades. Pero en este año, pese a la derrota que le privó a Sete de la gloria, queda claro que la historia ha cambiado.

El peso pesado de la categoría es Gibernau, quien pilota su Honda con el atrevimiento y la facilidad con la que lo hacía en su día el mismísimo Mick Doohan. Por eso le fue tan fácil al español la remontada. Además, cuando Rossi y él se quedaron solos en cabeza, se notaba que tenía perfectamente marcado al héroe local, a pesar de que éste daba la vida por mandar la carrera con una moto netamente inferior en la recta.

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Cuando llegó el parón de la lluvia, Sete supo aceptarlo con deportividad, aunque su rostro reflejaba la decepción. En la segunda manga a seis vueltas, corrida a ratos en seco, a ratos en mojado, Valentino le robó la cartera. A dos giros del final, metió entre medias de él y Gibernau al correoso Troy Bayliss. Mientras el de la Honda se peleaba por deshacerse del de Ducati, El Doctor abría un pequeño hueco que resultó definitivo. Chapeau por Rossi, que consiguió su segunda victoria de la temporada a base de coraje.

También hubiera sido justo que el japonés Makoto Tamada ocupara el tercer peldaño del podio en vez del amarrategui Biaggi, pero su neumático trasero dijo basta cuando estaba en la pomada. Al menos él no se fue al suelo como Shinya Nakano. Al otro nipón se le reventó la cubierta trasera y se estrelló a más de 300 por hora al final de la recta. Aún cuesta creer que no se hiciera daño. Esta gente es de otra pasta...

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