Tenis | Roland Garros

Tres de cuatro semifinalistas son argentinos

Nalbandián deshizo a Kuerten y el revés de Gaudio fulminó a Hewitt

Nalbandián, la gran amenaza.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Ponerse en una pista de tenis delante de un tío como David Nalbandián puede suponer un grave riesgo mental: si tú ejecutas tus mejores golpes, a plena potencia, si pegas como un poseso y al final lo que te encuentras es que ese tío coletudo sigue en su sitio, impasible, devolviendo la bola con más y más peso, la conclusión es clara: vámonos a casa.

A su casa brasileña de Florianópolis se fue Guga Kuerten, proyecto de hippie playero y pacifista que pidió públicamente el "fin de toda guerra". Kuerten jugó dos set points para ganar el cuarto set, en cuyo juego decisivo llegó a mandar por 5-2: sólo para que Nalbandián acabara llevándose esa muerte súbita por 8-6.

Tras la muerte súbita estaba la defunción deportiva de Kuerten en Roland Garros. ¿Defunción o demolición? A ratos, la cadera operada de Guga fue un dolor. "Quizá me hubiera retirado de no ser por el apoyo del público", reveló Kuerten. El terrible Nalbandian ni se inmutó, un samurai hierático que ha ido cortando cabezas en relativa oscuridad, mientras cacareaban gallos de plumaje brillante: Federer, Moyá, el mismo Kuerten: pues bien, ahora se le viene encima una cuña de su misma madera cobriza: el Gato Gaudio.

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En menos de dos horas, Gastón Gaudio dejó a Satán Hewitt sin rabo, cuernos ni tenedor. ¿Cómo...? Hewitt lo explica: "Su revés se parece al de Sampras. Sólo que, por lo que me ha tocado mí en este partido, es bastante mejor. Traté de protegerme, quería colarme bajo el revés, pero no pude". Ahora, Nalbandián-Gaudio, íntimos enemigos argentinos. Bellísimo.

Y hoy, semifinales femeninas: Myskina-Capriati. Suárez-Dementieva. Jen Capriati pega muchísimo, pero hay muchas rusas...

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