La ofensiva de Simoni no pudo con Cunego
El líder atacó a su gregario en el Mortirolo, a 83 kilómetros de meta

El mejor ciclista italiano en grandes rondas, Gilberto Simoni, le pasó el cetro al fenómeno del futuro, Damiano Cunego. Del presente, mejor decir, pues el veronés se coronará hoy en Milán como ganador del Giro a sus 22 años.
Aunque se trataba de compañeros de equipo, el traspaso de poderes no se hizo de buen grado. Simoni volvió a intentar recuperar sus galones de jefe y lanzó una ofensiva a lo grande, en el Mortirolo, a 83 km de meta. Se buscó un buen socio: Stefano Garzelli. Ambos partieron en este Giro como los grandes rivales y acabaron como amigos, rodando en armonía hasta la meta donde Garzelli ganó la etapa, pero Simoni no se llevó el Giro, ni siquiera la segunda plaza. Gontchar la salvó por tres segundos.
Pero hubo un momento en que se olió el vuelco. Tras pasar el Mortirolo con 45 segundos. Simoni y Garzelli, con Valjavec de paquete, tenían 1:52 en el Vivione. En el descenso atacó Popovych y se fueron con él Cunego y Eddy Mazzoleni, compañero de equipo y habitación. Ninguno de los dos dio una sola pedalada para cazar a Simoni en toda la etapa.
Cuando fueron neutralizados, Popovych se mosqueó y dejó de tirar, y lo mismo hizo Gontchar, que había llevado el mayor peso hasta entonces. La ventaja de Simoni, que había bajado a 55s subió a 1:30 en un momento. Todos parados y Cunego sin mover un dedo. Como hizo Simoni cuando él atacó en Falzes. Para suerte de Cunego, Cioni tomó la iniciativa y allí encontró su coartada.
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"Bastardo e ignorante"
Simoni no ha encajado bien el triunfo de su joven compañero en el Saeco, "Es un bastardo y un ignorante", dijo el sábado cuando entró en la meta de Bormio 2000, tras haber lanzado un ataque que fue neutralizado por otros, no por Cunego, que sólo atacó al final para ganar la etapa. Gilberto tiene motivos para estar enfadado. Si Cunego ha ganado es gracias a él, pues cuando el chaval atacó en la etapa de Falzes ninguno de los rivales comunes se atrevió a salir por él, temiendo que Simoni les remataría. Damiano aprovechó muy bien la ocasión, pero no es su culpa, siempre corrió con mucho respeto a su jefe.
