La belleza de Moyá es grandeza en París
Robredo aguarda ahora al mallorquín, que dio una lección a Sluiter


Con 6-0 y y 4-1 en el segundo set, léase 10-1, la derecha explosiva de Carlos Moyá Llompart, zurdo en la vida normal, iluminó en un fogonazo plano un rincón imposible de la pista Philippe Chatrier. Raemon Sluiter, holandés de Rotterdam, miró el estallido, la muesca del golpe, la estela de una bola como un cometa. Y la sonrisilla conejil de Sluiter valió más que mil palabras: Para ya, tío de qué vas hoy, quería decirle el holandés a Moyá.
Por muchas razones, no puedo titular así, pero si alguien (¿Robredo?) no es capaz de reducir o rebajar el nivel actual de Moyá, este Roland Garros ya tiene campeón. En menos de una hora, el abrasado Sluiter encajó un 9-0: con saques a 209 por hora y derechas como mandobles, Moyá, de oro y negro, hacía en la pista central el paseillo de la grandeur, la grandeza. ¿Era Charly Moyá o un sobrino perdido de Charly de Gaulle? Era la merienda de la fi na trituradora amarilla con el rudo holandés coloradito. Bizet le hubiera llamado Toreador. ¿ Y Carmen...?
El partido o masacre vio su fin en hora y media. Tras el 9-0, Moyá le dio vidilla al holandés. Se limitó a ganar por 6-3 y 6-4 los dos últimos sets. Firmó 42 winners o golpes ganadores. Y Sluiter, 14: muchos fueron.
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Llega Tommy. En el escalón anterior a los cuartos de fi nal, todos los toreadores han de enseñar el DNI ante martillos neumáticos que abren cráteres en la arcilla de París. Federer y Kuerten se retan. Y Robredo, que disciplinó severamente a Massú, desafía a Moyá. ¿Tiene argumentos Tommy...?
Pues sí: los tiene. Más que Corretja, Blanco o Mantilla, despedidos por Chela, Henman y Safi n. Este, con perillita, aburrió a Mantilla, con barba y ánimo teñidos: 11-9 en el quinto set, 4 horas y 39 minutos. Un calvario entre la belleza toreadora.