Real Madrid
Tendrá que disputar la eliminatoria para la próxima Liga de Campeones después de quedar cuarto. ¿Qué ha pasado? Los árbitros se convierten en héroes periféricos si pitan contra los merengues, el Barça de Zapatero prefiere perder la Liga si gana en el Bernabéu, el Coruña llegó molido a la Liga de Campeones porque se empeñó en descuartizar al Madrid aunque los puntos logrados en ese partido no le servían. Pero no ha sido una conspiración tripartita ni el odio a España lo que ha hundido al Real; el bello mito que flotaba en el planeta no se derrumbó por un cataclismo como la Atlántida, sino por las orgías a las que se entregaron sus dioses. Hasta Beckham, el icono planetario de la monogamia y la fidelidad matrimonial, se perdió en la poligamia de Madrid con Ronaldo de Mefistófeles.
El desplome (1-4 en el último partido de Liga contra la Real Sociedad) fue recibido con una tempestad de pañuelos; después de cinco derrotas, los fanáticos se cambiaron de bando en las gradas. Ni el fichaje de Samuel ni la primera piedra de la Ciudad Deportiva evitan la pesadumbre. Florentino, Jorge Valdano, Ramón Calderón, profesionales de primera que trajeron a los mejores jugadores del mundo, aguantaron la bronca después de un partido delirante. Han decidido fichar a Camacho, un cabo de la remonta para que los ponga firmes, gritándoles como al general Bergonzoli, en Guadalajara: "Bergonzoli, sinvergüenza, / general de las derrotas; / para tomar a Trijueque / con los bambinos que portas, / no basta con pelotones / hay que venir con pelotas".
Nadie sabe el dolor que atenaza a un hincha. Lo cuenta muy bien Nick Hornby cuando después de la última derrota que eliminaba al Arsenal le llamó una amiga y al percibir el abatimiento de su voz le preguntó qué pasaba. Le contestó a duras penas y al saber lo que le preocupaba se sintió aliviada: "Jamás entendería ella que mientras el Arsenal no saliese del atolladero yo tampoco podría salir". Los madridistas viven ensimismados en el atolladero, que también se llama melancolía, y es sabido que la melancolía y la depresión están muy cerca si es que no son la misma cosa. "Como una lámpara que se alimenta de aceite", escribió Brenan, "los españoles se alimentan de un depósito secreto de melancolía". Los españoles han sido diagnosticados como melancólicos coléricos que sienten nostalgia por el pasado glorioso. No se puede definir mejor a un madridista. La calle de la melancolía empieza en el Bernabéu y acaba en Génova; han coincidido en su desmoronamiento el PP y el Madrid. Durante los últimos meses, los partidos políticos preferían machacar al PP aunque bajaran a Segunda División. Mientras los galácticos transformados en pendejos se iban de farra, al mando de Ronaldo, que se comía todo, hasta los sandwiches, y participaban del frenesí erótico y de los flipes, la derecha, en pelotamen, se durmió en las Azores y le quitaron la cartera, donde solían, en Atocha. Y Madrid fue apuñalada.
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Columna de opinión publicada en el diario El Mundo firmada por Raúl del Pozo.