Yo digo Maldini

Mourinho y sus hijas

Julio Maldonado
Importado de Hercules
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Vi el partido diez metros detrás de Deschamps, justo en la visión del entrenador que casi nunca se tiene desde la grada. Una experiencia inolvidable, con imágenes como la de Mourinho llorando como un niño abrazado a sus hijas en cuanto el árbitro pitó el final del partido. Como la cara desencajada de Deschamps cuando Giuly le miró y le hizo un gesto fatídico: la mano al aductor y la cara de dolor. En ese momento el Mónaco empezaba a perder la final, porque Prso hizo un partido patético y por ello Morientes ni apareció. Más imágenes de una final para mí inolvidable. Bernardi marchándose nada más recibir su medalla de perdedor sin el más mínimo interés en ver al Oporto levantar la Copa. Puro ganador argentino.

Desde esa visión de entrenador se comprueba, por ejemplo, el enorme nivel defensivo de Ricardo Carvalho. Sus gestos, su forma de colocar a la defensa, sus miradas amenazantes al juez de línea... No tardará mucho en ser una referencia en Europa. También me quedo con la cara cada vez más desesperada de Morientes, buscando a Giuly y encontrando a Prso, o el gesto hundido de Deschamps cuando, además, Givet también le miró lesionado. Ante un Oporto superior, el Mónaco tuvo encima la mala suerte de las lesiones clave. Me quedo con esos detalles, porque el partido tuvo a un Oporto tan superior que fue una final atípica. Ahora, el campeón luso se deshará sin Mourinho.

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