El club clama justicia y recurre ante Apelación
Presenta alegaciones a las tarjetas de sus jugadores

El Sporting clama justicia al Comité de Apelación, después de sufrir el varapalo más severo de su historia, del que se culpa al árbitro Rodado Rodríguez, además de mostrar un desacuerdo total con las decisiones del Comité de Competición. El club gijonés ha remitido a la Federación Española los recursos a las tarjetas que les fueron mostradas a Cristian, Yago, Bauzá, Borreguero y Dorado, en las que explican, con aportación de pruebas videográfi cas, su desacuerdo, al considerar que se justifi ca que las decisiones arbitrales no fueron adecuadas.
Yago insiste en que "en ninguno de los penaltis que señaló hubo falta. En el primero, luchamos por el balón, Brit remata y se cae al suelo, sin que lo derribe, y en el segundo, llego al balón antes que el contrario y lo desvío". Por su parte, Bauzá recuerda que en la jugada que ocasionó su expulsión "hice ademán de estirar el brazo, pero instintivamente me di cuenta de que tenía una tarjeta y retiro la mano, sin que haya agarrón ni nada por el estilo".
En el caso de Cristian, el Sporting argumenta que el jugadorpierde el equilibrio cuando es objeto de una falta, señalada por el árbitro, y cae encima de un jugador rival, sin poder evitarlo, lo que fue interpretado por el colegiado como pisotón y motivo de expulsión, que le ha ocasionado una sanción de dos encuentros, mientras que en los casos de Borreguero y Dorado, el club también aporta el vídeo de las jugadas, en las que trata de demostrar que no existe la infracción que motiva las tarjetas. Por otra parte, Marcelino prefiere no dar importancia a que tenga que dirigir tres partidos desde la grada y se resigna a que "sólo vale la palabra del árbitro, aunque sea mentira", al insistir en que no lo insultó.
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Habrá también petición de cautelares en el CEDD
Mientras el Sporting está a la espera de la resolución del Comité de Apelación, ya están en elaboración los posibles recursos al Comité Español de Disciplina Deportiva para todas las sanciones de los jugadores, ya que el club rehusó apelar a las sanciones de Marcelino y Diego Lobelle. En el caso del entrenador y del masajista se eludieron los recursos, ya que al tratarse de insultos, aunque se nieguen, prevalece la opinión del árbitro. El técnico manifestó que "alrededor estaban los auxiliares del árbitro, que no van a contradecirlo, y jugadores de ambos equipos, pero el testimonio de los nuestros no vale y no voy a pedirles a los del Éibar que declaren".
