Alonso tenía razón; Ralf es un desahogado
Pues resulta que hubo acelerón. Fuentes de Williams lo han reconocido, una vez revisada la telemetría del coche de Ralf Schumacher. La telemetría es como la caja negra de los aviones. Registra cuanto sucede a través de unos sensores colocados en el motor, en el chasis, en las llantas, en cuantas partes sean susceptibles de medir el rendimiento del coche y la conducción del piloto. Por medir, la telemetría mide en cada momento la altura del coche sobre el suelo. Pues sabiendo de lo que es capaz la alta tecnología, conocer qué hizo Ralf cuando Alonso le adelantó es facilísimo... siempre que alguien lo pregunte. Y Carlos Miquel lo preguntó.
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Le dijeron que Ralf pasó de cuarta a sexta en mitad del túnel. El motivo de tan inesperada acción fue que llevaba rota la caja de cambios. Pues razón de más para que Ralf no actuara con desahogo. Alonso ya le había pasado una vez; en la vuelta 41 se disponía a hacerlo de nuevo. El Williams presentaba tales problemas que estaba condenado a abandonar, como así fue. Todas las facilidades para que Alonso le adelantara tenían que ser pocas. Pero ni le cedió la parte limpia del asfalto ni, lo que es más grave, levantó el pie, algo que tarde o temprano tenía que provocar el acelerón del coche. Esto sucedió justo cuando le pasaba Alonso.
Por eso Alonso perdió el control y lanzó sapos y culebras contra Ralf. No era producto de ningún calentón. Lo repitió el lunes y lo repitió ayer. Él, mejor que nadie, sabe lo que ocurrió. Y lo que ocurrió fue que Ralf pegó un acelerón, voluntario o involuntario pero acelerón al fin y al cabo, cuando le adelantaba. Ese el hecho. Las consecuencias ya las sabemos. Ya sabemos también que en la Fórmula 1 hay buenos y malos, y que, como sucede en otros deportes, los comisarios procuran no meterse en líos. Y un lío es, por lo visto, dejar en evidencia al hermanísimo. El daño está hecho, pero más daño aún se hace dejando impune una acción que acabó en accidente.
