Fórmula 1 | GP de Mónaco

Ralf dejó a Fernando Alonso sin la victoria

El asturiano luchaba por el triunfo con su compañero Trulli, ganador final, cuando un acelerón de Schumacher en pleno doblaje le hizo estrellarse

<b>IMPACTO VIOLENTO.</b> El accidente de Fernando Alonso dejó muy dañado el Renault en sus dos ejes. Por suerte, el piloto asturiano resultó ileso... excepto en el ánimo.
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La victoria en Mónaco era de Fernando Alonso. Para el segundo repostaje, debía entrar cinco vueltas detrás de Jarno Trulli. Y cuando Ralf Schumacher se cruzó en su camino sólo les separaban un par de segundos. Lo tenía controlado y podía volar ese tiempo que había previsto en su estrategia para rebasar a su compañero, líder y ganador final. El problema es que le tocó doblar a un inútil engreído. Alguien que hace años, en Japón, le dijo a Pedro de la Rosa que su apartamento era como la caseta de su perro.

Se trata de un piloto que vive del estrellato de su hermano. Un inconsciente que acelera a fondo cuando Alonso casi le ha rebasado en medio del túnel para fastidiar y fuerza el accidente del ovetense. Por diversión o venganza de la humillación de Imola. Nano se estrella señalándole con el dedo que ésta se la guarda. Nosotros también. Todo esto en una carrera salpicada de incidentes (cruzaron la meta ocho coches) y en la que Michael Schumacher abandonó después de ser tocado por Montoya.

Deuda pendiente. Con sal en la boca por esta oportunidad perdida, ahora sólo queda esperar que el trazado del Principado devuelva al español lo que ayer le quitó con la ayuda de un piloto que es un fraude. Que ha engañado a Toyota F1 para ganar desde 2005 veinte millones anuales. Y al que Montoya tiene superado. El colombiano logró la victoria de 2003 después de la amarga derrota por avería del año anterior. En frío y desde una sala de prensa está claro que el ovetense no debía haber iniciado ese movimiento nunca. Pero en caliente lo cierto es que él luchaba por la victoria mientras el primo de Heidi se paseaba en su Williams último modelo.

En la parrilla se respiraba que iba a ser una carrera muy calentita. Pese a la presencia de los actores Clooney, Pitt y Damon, de Roger Moore, Jackie Stewart y de Naomi Campbell, a Alonso se le veía más tenso que nunca . Debía salir como un cohete, y repasaba mentalmente, una y otra vez, el movimiento que debía hacer si Jenson Button se le ponía delante.

No hizo falta, los dos Renault se marcharon como unidos por una cuerda mientras Sato hacía la salida del milenio. Pasó de una tacada a Raikkonen y Schumi. Le duró poco, porque su motor estalló y lanzó un humo blanco tan denso como el que usaba 007 para aturdir a sus enemigos. Lió una buena. Coulthard se asustó o paró a ver que pasaba (aún no lo sabemos) y Fisichella le arrolló por detrás. Primera neutralización.

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Duelos interesantes. Después, vivimos varios duelos interesantes. Lo bien que aguantó Kimi a Schumacher hasta que tuvo que retirarse, el ataque desbocado de Montoya, que pasó a un Barrichello con problemas mecánicos. El brasileño, tercero en meta a una vuelta de Jarno, se lo devolvería más tarde en boxes.

Y el acoso final de Button a un Trulli que acabó deshaciéndose como la gaseosa. Sólo medio segundo les separó en la meta, ante la congoja del jefe Briatore. La semana próxima en Nurburgring (Alemania) pinta de color rojo Ferrari y Schumacher, mientras que Alonso deberá esperar hasta Hungría para volver a luchar por la victoria.

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