La ACB rectifica o se quedará sola
Como es habitual por estas fechas, el baloncesto anda de reuniones para acordar el número de jugadores que pueden formar la plantilla de cada equipo: el de españoles seleccionables, el de nacionalizados no seleccionables por haber sido internacionales con sus países de origen, el de comunitarios de pleno derecho, el de comunitarios que aún no lo son, pero que lo serán, y el de extracomunitarios. Un lío. Lo peor es que con tantas variantes es difícil el acuerdo. Además, intervienen tres partes: la Asociación de Clubes de Baloncesto (ACB), la Federación Española de Baloncesto (FEB) y la Asociación de Baloncestistas Profesionales (ABP).
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Esta vez, la FEB y la ABP no quieren empezar la casa por el tejado y han pedido a la ACB que, para comenzar a hablar, suprima el artículo que impone a todos los equipos a que jueguen con dos extracomunitarios, que son generalmente estadounidenses. Esto impide que un equipo pueda tener una plantilla integrada sólo por españoles. Será un absurdo, pero es así. Y más absurdo aún cuando se defiende la libre circulación de profesionales por la Unión Europea, lo que podría llevar a formar un equipo con diez franceses y dos americanos, pero nunca con doce españoles en una liga de su propio país por esa obligatoriedad de la ACB.
Como la ACB no ha realizado ni siquiera el gesto de dejar esa norma de obligado cumplimiento en una posibilidad a la que se pudieran acoger los clubes que quieran, el acuerdo sobre el reparto de fichas está muy lejos de cerrarse. Las tres partes han comenzado a desfilar ante el nuevo secretario de Estado, Jaime Lissavetzky, pero éste difícilmente podrá actuar de árbitro en una competición profesional, aunque subvencionada con dinero público al no poder vivir de los ingresos que genera. Además, él tampoco entiende bien esa razón por la que un equipo no pueda jugar sólo con españoles. O la ACB rectifica o no va a encontrar aliados.
