Un equipo metido atrás
El Marsella se sintió inferior desde el principio e interpretó el partido como más le gusta: muy atrás, un estilo claramente conservador, los tres centrales de siempre y pelotazos a Drogba. La verdad, un equipo así no merece un título europeo. Presionó bien en el primer tiempo, pero nunca dio sensación real de peligro y tras el primer gol del Valencia no tuvo la más mínima capacidad de reacción. Barthez volvió a atentar contra su equipo con una salida a lo loco y un penalti que un portero de mayor nivel podría haber evitado. Si el Marsella con once era incapaz de generar fútbol, con diez no tenía ninguna opción.
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Consciente de su inferioridad, el técnico Jose Anigo nunca se desarmó atrás, mantuvo los tres centrales y quitó al único centrocampista capaz de enlazar con Drogba. En realidad, Meriem sobra en un equipo como éste, con dos medios centros destructivos y sin ningún ánimo de crear fútbol. Ni uno solo de los jugadores del Olympique tuvo opciones. Ferreyra controló algo mejor a Vicente en el primer tiempo, Meriem había sido capaz de aparecer justo antes de la expulsión de Barthez, pero poco más. Drogba no pudo demostrar su enorme nivel ante un central de dimensiones descomunales como Ayala. Fracasó, como todo un Olympique, al que el partido le quedó grande. Vestido de equipo pequeño, muy metido atrás y sin jamás cambiar el dibujo ni con el 2-0 en contra, dio una pobre sensación.
Pero nada de lo que hizo el Olympique desmerece el título de un Valencia candidato desde ya a ser protagonista en la próxima Champions. Cierran la temporada con un doblete histórico, que merecen celebrar por todo lo alto.
