El ejemplo de Remington
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Una vez, Remington Steel (el detective televisivo) decidió contar el origen de su familia en un capítulo del que no podemos olvidarnos (secuelas de los 80). Explicar antes de nada que uno de los atractivos de Remington (ahora 007) era la falta de noticias sobre su origen, lo que le hacía aún más atractivo al muy ladrón. El caso es que a la lumbre de una chimenea en una noche lluviosa le relató a su bella y entregada socia la historia de un armador griego que invirtió toda su fortuna en un fabuloso barco. Cuando se celebró la botadura y el buque apenas había salido del puerto una explosión en la sala de máquinas hizo que se hundiera en pocos minutos. Los presentes, con lágrimas en los ojos, miraron al griego esperando que estallara de furia.
Sin embargo, el tipo empezó a reírse, pero no una risa nerviosa, sino a pierna suelta. Y dirigiéndose a Remington le dijo: "No llores hijo, esto es fantástico, una nueva vida, piensa en las posibilidades que eso tiene". Ese lejano día aprendimos muchas cosas: que Remington era griego (Remintolakis, quizá), que su padre tenía seguro, que ella cayó fijo y que las desgracias más desgraciadas sirven para abrir horizontes. Pongan a Florentino en griego (Florentinoulos, tal vez), a Valdano en Remington y a Queiroz en la sala de máquinas y tendrán una parábola y algo de optimismo.