Ruiz Gallardón ha hecho los deberes

De Ruiz Gallardón hemos escrito muchas veces que no le gusta el deporte. Conviene matizar. No le gusta en la medida que lo sigue el aficionado medio. Como además sus gustos se alejan de la mayoría al dirigirse hacia competiciones que no son de fútbol, la impresión que deja es la de que el deporte no ocupa un lugar preferente entre sus aficiones. Nada censurable, por otra parte. A un político se le mide por sus obras, no porque corra todas las mañanas, vaya al palco del Bernabéu, sea un apasionado del ciclismo o se declare seguidor del Barcelona. Y como esto lo tiene claro Ruiz Gallardón, no hace campaña con el deporte.
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El deporte, sin embargo, ha entrado en la vida de Ruiz Gallardón desde que fue elegido alcalde de Madrid. Madrid es una de las nueve ciudades que quiere organizar los Juegos Olímpicos de 2012. Ruiz Gallardón no se sentía ajeno al proyecto, pues cuando Madrid presentó su candidatura, él era presidente de la Comunidad. Pero ser el alcalde es distinto. El alcalde, en unos Juegos, tiene la máxima representación. Él es quien recoge el testigo de la bandera y se la entrega, cuatro años después, al alcalde de la siguiente ciudad organizadora. Unos Juegos, no lo olvidemos, no los organiza ni un país, ni un comité olímpico, sino una ciudad.
Ruiz Gallardón ha apostado fuerte por la candidatura. "Vamos a ganar", dice. Y lo dice desde el convencimiento de que el único rival es París. Por eso ha echado el resto desde su posición de jefe supremo de la candidatura. Para ello no necesita saber mucho de deporte, pues su responsabilidad va mucho más allá: dotar a la ciudad de cuantas infraestructuras sean necesarias para que las gentes del deporte vean a Madrid como el lugar más idóneo para celebrar unos Juegos. Ésa es su apuesta y, desde luego, está haciendo los deberes. Los técnicos del Comité Olímpico Internacional así se lo van a reconocer el martes. Madrid pasará el corte.