El tren a Zaragoza y susto en Belgrado

Mi primer recuerdo de Gil es el viaje que compartí con él a Zaragoza al día siguiente de salir elegido presidente. Junto a Rubén Cano fue elaborando su lista de fichajes. Estaba orgulloso de su estrella Futre y quería a Menotti de capitán. Sabía la cuota de mercado del Real Madrid y su reto era conseguir títulos para el Atlético. Se estrelló, ya que se perdió la final ante la Real Sociedad y el penalti sobre Rubio que se comió Ramos Marcos.
Tampoco se me puede olvidar la vivencia de Belgrado, en el que vivimos un pequeño terremoto en el aeropuerto. Tras el susto inicial sacó a relucir su capacidad de líder, quitó al policía de la aduana y toda la expedición no tuvo que enseñar el pasaporte y enseguida nos vimos en el aire para evitar males mayores.
Igualmente el día de mi boda, unos amigos llevaron una vaca a la salida y cuando la vio el párroco se escandalizó y fue a pedir explicaciones a Jesús Gil que se tuvo que esforzar para decir que no tenía que ver nada en el asunto.
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En su etapa inicial era un niño grande y más de uno se aprovechó de su bondad. Con motivo de su primer título copero ante el Mallorca y en plena fiesta cuando se acercó a mí y me aseguró que el lateral Juan Carlos no se iba al Barcelona ya que le tenía firmado su continuidad en una servilleta, no pudo ocultar su sonrisa de pícaro, cuando le reté a que lo enseñara ya que no se podían conocer algunas cifras que allí se habían puesto.
Entendió mejor que nadie la relación con los medios y cuando tenía problemas te sacaba los colores directamente, sin pedir cuentas a tus jefes. Su despacho del Financiero fue el centro de muchos representantes. En una ocasión, en Huelva, y cuando su hijo Miguel Ángel y el director deportivo Ruiz le llamaron de Brasil para darle malos informes de un futbolista, en menos de 15 minutos recibió en su móvil la oferta de al menos treinta sustitutos. Un amigo que no olvidaré.
