La llamada esperada

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Muchas tardes, nada más llegar al periódico, lo primero que hacía era llamar a Jesús Gil. "Llama a tu gordito", me decía Manolete. Las más de las veces conseguía hablar con él sin tardar mucho. Si había una reunión importante o simplemente echaba una pequeña cabezadita había que esperar un poquito. Era una llamada que siempre me hacía ilusión, porque Gil transmitía eso, ilusión. Ésa que uno, en el complicado trance de la vida que va de los 30 a los 40, pierde a veces. Pero Gil siempre conseguía darte ese pequeño empuje necesario para seguir tirando. Bien en forma de broma, al contarte alguna peripecia que le había sucedido en el día o bien hablando de fútbol: de lo bueno o lo malo que era el equipo o tal y cual jugador. Había veces que ni siquiera el tema era el deportivo. Bastaba con un saludo para saber que si a alguno le hacía falta algo...
También hubo momentos menos divertidos, porque Gil, cuando se enfadada, todos saben que era un torbellino: "No me lo has puesto como te dije" o "me has cortado la parte de...", decía Gil, sabedor él de que en un periódico a veces no entra todo. Pero, aún así, era diferente y sabía cómo decir las cosas. El lunes, como siempre solía hacer para comentar la jornada de Liga que había pasado, ya no podré hacer esa llamadita que me hacía tanta ilusión y con la que disfrutaba. Ésa que siempre me llenaba de satisfacción.