Jesús Gil: adiós multitudinario
Madrid se volcó en su despedida. La afición acudió en masa al Calderón. El ex presidente descansa junto a su madre en el panteón familiar en La Almudena


No era para menos. Un presidente como Jesús Gil no podía tener otra despedida. Con sus aciertos y con sus errores, luchó por poner al Atlético entre los mejores y su gente se lo agradeció en el adiós. Tanto en la capilla ardiente, unos 15.000, como en el entierro, más de mil, las muestras de afecto fueron innumerables. Hay mil imágenes que lo pueden atestiguar: las colas que daban la vuelta al estadio para rendirle tributo al ex presidente; más colas para estampar la fi rma en los libros preparados al efecto; gente venida de toda España: hubo aficionados que se declaraban madridistas, otros que portaron banderas de otros clubes, como del Numancia; tanto en el Calderón como en La Almudena acudieron niños y mayores y lloraron los unos y los otros; ex jugadores de distintas épocas, como Escudero o Gárate (que hoy serían galácticos); empleados del club que ya han dejado de prestar sus servicios en la entidad; periodistas que recordaban mil y una anécdotas de un hombre que siempre colaboró.
Pero quizá lo más emotivo de todo fue ver a los niños del Atlético, los que quizá algún día defi endan la camiseta rojiblanca, con un respetuoso silencio rezando, pensando... A su manera rindiendo homenaje a Gil. Algunos también lloraron. Conforme acababan sus partidos, ayer era sábado y jugaban alevines, cadetes, infantiles... pasaban para ver a Gil, quien siempre había dicho que el fútbol que de verdad le divertía era el de los chavales. El otro fútbol, el profesional, también estuvo con Gil: desde Florentino a Laporta pasando por Lopera o Villar. Gil se merecía una despedida así. Todos quisieron estar.
La fuerza de Miguel Ángel
Miguel Ángel Gil mostró una gran entereza a lo largo de la toda la jornada. El dirigente del Atlético supo dividirse para atender a las personalidades que acudieron a rendir homenaje a su padre y para dar fuerza al resto de la familia en el adiós. Tras la misa en el estadio, tuvo el único momento de debilidad. Y tras el entierro, él aguantó mientras su hermano Jesús y su madre, María Ángeles no encontraban consuelo y rompían a llorar. Óscar y Miriam lo pasaron mal y no lo pudieron disimular.
La afición se entregó: "Gil te queremos, nunca te olvidaremos"
El cementerio de La Almudena se quedó pequeño para dar cabida a los aficionados del Atlético que hasta allí se desplazaron. Algo más de un millar de personas esperaron la llegada del cortejo fúnebre al panteón de la familia Gil Marín. El adiós del Calderón provocó una salva de aplausos de otro millar de seguidores que se agolpaban a la salida del estadio.
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La policía municipal y nacional escoltó a la comitiva en el recorrido hasta La Almudena y el cadillac que llevaba los restos del ex presidente rojiblanco se cubrió con flores que espontáneamente arrojó el público. Mucha gente ya sabía dónde estaba el panteón y esperó pacientemente a que llegara el féretro de Jesús Gil. Las muestras de cariño fueron enormes. "Gil te queremos, nunca te olvidaremos", gritaron los presentes, que brindaron una cerrada ovación cuando Gil descansó, por fi n, junto a su madre Guadalupe. Los famosos se mezclaban con la gente anónima y a nadie le importaba el calor reinante. Los aplausos también se los llevaron los familiares de Gil, aunque hubo muchas lágrimas cuando se cerró el panteón con Gil ya dentro.
El féretro de Gil estaba parcialmente cubierto con una gran bandera del Atlético, tal y como era el deseo del propio Gil. En los gestos de la plantilla rojiblanca, que arropó al presidente en el estadio y en el entierro, también se reflejaba lo doloroso del momento. Varios autocares desplazaron a los empleados tanto del Atlético como de Los Ángeles de San Rafael y de Marbella. Nadie quiso perderse la emotiva despedida a Jesús Gil.