¿Quién dijo frío?
Los nadadores se tiraron al agua en San Juan. ¡Vaya si se tiraron! Cómo para decirles que no cuando llevaban desde dos horas antes calentando. Calentando es, para los nadadores de larga distancia, cruzarse el embalse de lado a lado en plan Hajos. Alfred Hajos era un húngaro al que cabe calificar como el primer campeón olímpico en aguas abiertas. En los Juegos de Atenas de 1896 la prueba de 1.500 consistía en llevar a los nadadores en un barco aguas adentro de la bahía de Zea, soltarlos y ver quién llegaba primero a la orilla. La prueba se debió celebrar en unas condiciones parecidas a las de ayer por lo que figura en los registros olímpicos.
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Está documentado que fue un 11 de abril y que la temperatura era de 13 grados. A mucho más no debía estar el agua, según se desprende de lo que dijo Hajos: "Me estremeció pensar que podía sufrir un calambre y mi deseo de vivir superó a mi deseo de ganar". Pero éste no era el caso de ayer. Por muy fría que estuviera el agua, el traje de neopreno protege, y la seguridad era máxima. Menudo operativo se montó: siete embarcaciones para seguir a los 17 nadadores y seis para las 14 nadadoras; además, una barca en cada boya, y buzos de la Guardia Civil, y dos UVIS móviles, y un helicóptero... hasta un avión de combate hizo una pasada rasante sobre las aguas.
Ante semejante tinglado, como para no competir señalara lo que señalase el termómetro que, muy profesionales ellos, introdujeron en el agua tres jueces. Y es que la familia de nadadores de larga distancia no tiene muchas oportunidades de competir al cabo del año. Los Europeos son una magnífica ocasión, pues hay premios y becas en juego. Múltiples, además, porque raro es quien no participa al menos en dos de las tres distancias. No se iban a tirar por la borda meses de entrenamiento por un grado arriba o abajo. Gracias a ello nos encontramos con una medalla que completa el círculo: sincronizada, saltos, piscina y aguas abiertas. ¡Qué festín!
