Álvaro fue Nayim en un final agónico
Nueve años después de la final de París, el defensa emuló al medio

Hoy se cumplen nueve años del gol de Nayim en París, del milagro de disparo que le dio la Recopa al Zaragoza ante el Arsenal del bendito Seaman. Quizá más importante que aquel trallazo desde Melilla fue el gol que consiguió Álvaro en minuto olímpico y ante una Romareda que se veía en Segunda. La enganchó desde la frontal en pleno acoso y derribo local. Osasuna lo tuvo, pero dejó sus fuerzas al descanso, 47 minutos antes de que Álvaro se vistiera de Nayim.
El buen fútbol llega también por el estado de ánimo, y Osasuna lo tiene mejor que el Real Zaragoza. De aquí a Lima. Se acusó desde el principio, con unos rojillos metidos arriba, presionando, y dejando que Chengue Morales y Valdo se las arreglaran para darle la tarde a la defensa zaragocista.
Noticias relacionadas
Muñoz hizo trabajar a Láinez en el minuto 4 con un trallazo tan impecable como la parada posterior. Era un anticipo de un rosario de ocasiones navarras que se sucedieron hasta el descanso. Valdo fue muy superior a Toledo, y Morales a Milito, que en diez minutos se dio cuenta que no valía la pena ni saltar con el uruguayo. Entre Láinez y un fallo clamoroso de Morales en boca de gol, Osasuna se fue al vestuario con 0-0. El Zaragoza no estaba para fl orituras. Movilla y Soriano (buena pareja) movieron el árbol, repartieron el fruto pero no encontraron respuesta más allá de los nervios de la grada y de los delanteros. Galletti no mejoró a Cani. Villa y Dani, tal para cual, con su tarde negra. Ni siquiera pudieron probar la valía de Elía, sorprendente sustituto de Sanzol en este tramo fi nal de Liga, tan light para Osasuna. Ni siquiera Aguirre se pone nervioso.
El monólogo blanquillo de la segunda parte tiene también su explicación: que las apreturas por abajo animan más a luchar que por meterse en la UEFA. Por eso atacó más el Zaragoza, en desbandada, sin orden pero con ilusión. Conforme Valdo y Morales se apagaban, la fi gura de Cani crecía en el Zaragoza. Y cuando todo estaba perdido, ¡zas!. Internada de Toledo, rebote afortunado y gol de Álvaro. ¡Qué emoción!